CUANDO ALGUIEN
SE VA Y TODO CAMBIA
En mi casa la palabra “herencia” significa otra
cosa desde que sé bien la historia de mi padre. No tiene que ver con casas ni
con coches, sino con lo que pasa cuando alguien decide marcharse y deja un
hueco que los demás tienen que llenar como pueden.
Mi abuelo se fue cuando mi padre y mis tíos eran
pequeños. Un día estaba y al siguiente no. No hubo explicación, sólo una puerta
que se cerró y una madre que se quedó sola con tres niños muy pequeños. Yo no
viví ese momento, pero he crecido escuchando muchas cosas sobre el tema. Mi
padre no suele hablar de ello, pero a veces recuerda cosas que no le sientan
muy bien. Yo pienso mucho en esto cuando me quejo por algo y siempre recuerdo
la infancia de mi padre y en como lo supo gestionar todo.
Cuando me lo contaron por primera vez, solo pensé que era
una de esas historias duras que viven los adultos. Pero luego fui entendiendo
que no era solo “una época difícil”, era mi padre con 14 años levantándose
temprano para ayudar en casa, volviendo tarde y aun así teniendo paciencia para
jugar un rato con su hermano pequeño o para ayudar a su madre cuando la veía
cansada. Creo que ahí empezó a aprender lo que significa cuidar de los demás
sin quejarse y sin esperar nada a cambio. Y ahora lo veo en cómo se preocupa
por que yo no cargue con lo que él cargó.
Cuando fui creciendo, me di cuenta de que esa situación seguía presente en
muchas cosas pequeñas: en cómo mi padre se pone serio cuando alguien promete
algo y no lo cumple, en cómo siempre intenta estar en todo, aunque esté cansado
y en cómo se queda callado cuando hablamos de familias “perfectas”. Ahí entendí
que nos quejamos siempre por tonterías y que no le damos importancia a lo que
realmente importa.
Ahora que tengo dieciséis años, entiendo mejor por
qué mis padres son tan insistentes con valorar todo lo que tenemos. Mi padre
podría haberse callado todo lo que vivió, pero prefiere contármelo como si
fuera una lección. Me dice que cuando su padre se fue, su vida cambio por
completo, tenía que hacerse cargo de muchas cosas con tan solo 10 años como
cuidar a sus hermanos y que la abuela tenía que elegir entre trabajar más horas
o estar con ellos.
Pero de esta historia también sale algo distinto.
Mi padre decidió no repetirla. Él siempre está, aunque llegue muy cansado del
trabajo. Puede decirme que no a un móvil nuevo, pero nunca me ha dejado tirada.
Esa decisión también tiene un coste: a veces renuncia a cosas para él y a veces
trabaja más de lo que le gustaría. Pero es una inversión clara: que yo crezca
sabiendo que siempre le tengo a él para lo que necesite. Y esa sensación, para
mí es de las mejores que te puede dar un padre.
Todo esto me hace ver que a pesar de la terrible situación
que vivió mi padre, esos años de dolor y sufrimiento le han hecho mejor persona
y ha sabido valorar más los pequeños detalles. Además, me ha hecho admirarle
mucho como persona ya que ha hecho todo lo posible por no plasmar esa realidad que
sufrió como hijo con los suyos propios, es más, me atrevería a decir que ha
sido el mejor padre que podría haber tenido y que siempre voy a estar muy
orgullosa de él
Si algún día tengo hijos, sin duda tomaré como un
claro ejemplo la forma de querer, de cuidar y de ser de mi padre con nosotros.
Les enseñaré el verdadero significado de una familia y la importancia que conlleva ya que al final
tus padres son aquellas personas que darían todo por ti y mi padre ha sabido
cumplir esto a la perfección y dejar que errores ajenos del pasado no
influyeran en su forma de ser conmigo. Por último, quiero que si alguna vez lee
este relato, sepa que estaré eternamente agradecida y que nunca dude en la
admiración que le tengo y en lo mucho que le quiero.
Papá, te quiero.
Patricia González Teomiro
1º
Bachillerato B
noviembre
2025
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