Patricia González Teomiro (Cuando alguien se va y todo cambia)


 

CUANDO ALGUIEN SE VA Y TODO CAMBIA


En mi casa la palabra “herencia” significa otra cosa desde que sé bien la historia de mi padre. No tiene que ver con casas ni con coches, sino con lo que pasa cuando alguien decide marcharse y deja un hueco que los demás tienen que llenar como pueden.

 

Mi abuelo se fue cuando mi padre y mis tíos eran pequeños. Un día estaba y al siguiente no. No hubo explicación, sólo una puerta que se cerró y una madre que se quedó sola con tres niños muy pequeños. Yo no viví ese momento, pero he crecido escuchando muchas cosas sobre el tema. Mi padre no suele hablar de ello, pero a veces recuerda cosas que no le sientan muy bien. Yo pienso mucho en esto cuando me quejo por algo y siempre recuerdo la infancia de mi padre y en como lo supo gestionar todo.

 

Cuando me lo contaron por primera vez, solo pensé que era una de esas historias duras que viven los adultos. Pero luego fui entendiendo que no era solo “una época difícil”, era mi padre con 14 años levantándose temprano para ayudar en casa, volviendo tarde y aun así teniendo paciencia para jugar un rato con su hermano pequeño o para ayudar a su madre cuando la veía cansada. Creo que ahí empezó a aprender lo que significa cuidar de los demás sin quejarse y sin esperar nada a cambio. Y ahora lo veo en cómo se preocupa por que yo no cargue con lo que él cargó.

 

Cuando fui creciendo, me di cuenta de que esa situación seguía presente en muchas cosas pequeñas: en cómo mi padre se pone serio cuando alguien promete algo y no lo cumple, en cómo siempre intenta estar en todo, aunque esté cansado y en cómo se queda callado cuando hablamos de familias “perfectas”. Ahí entendí que nos quejamos siempre por tonterías y que no le damos importancia a lo que realmente importa.

 

Ahora que tengo dieciséis años, entiendo mejor por qué mis padres son tan insistentes con valorar todo lo que tenemos. Mi padre podría haberse callado todo lo que vivió, pero prefiere contármelo como si fuera una lección. Me dice que cuando su padre se fue, su vida cambio por completo, tenía que hacerse cargo de muchas cosas con tan solo 10 años como cuidar a sus hermanos y que la abuela tenía que elegir entre trabajar más horas o estar con ellos.

 

Pero de esta historia también sale algo distinto. Mi padre decidió no repetirla. Él siempre está, aunque llegue muy cansado del trabajo. Puede decirme que no a un móvil nuevo, pero nunca me ha dejado tirada. Esa decisión también tiene un coste: a veces renuncia a cosas para él y a veces trabaja más de lo que le gustaría. Pero es una inversión clara: que yo crezca sabiendo que siempre le tengo a él para lo que necesite. Y esa sensación, para mí es de las mejores que te puede dar un padre.

 

Todo esto me hace ver que a pesar de la terrible situación que vivió mi padre, esos años de dolor y sufrimiento le han hecho mejor persona y ha sabido valorar más los pequeños detalles. Además, me ha hecho admirarle mucho como persona ya que ha hecho todo lo posible por no plasmar esa realidad que sufrió como hijo con los suyos propios, es más, me atrevería a decir que ha sido el mejor padre que podría haber tenido y que siempre voy a estar muy orgullosa de él

 

Si algún día tengo hijos, sin duda tomaré como un claro ejemplo la forma de querer, de cuidar y de ser de mi padre con nosotros. Les enseñaré el verdadero significado de una familia y  la importancia que conlleva ya que al final tus padres son aquellas personas que darían todo por ti y mi padre ha sabido cumplir esto a la perfección y dejar que errores ajenos del pasado no influyeran en su forma de ser conmigo. Por último, quiero que si alguna vez lee este relato, sepa que estaré eternamente agradecida y que nunca dude en la admiración que le tengo y en lo mucho que le quiero.

 

Papá, te quiero. 

 

Patricia González Teomiro

1º Bachillerato B

noviembre 2025

Comentarios