Inés Rodríguez Segura (El Pescaíto)


 

“EL PESCAITO”:

 

Hola, me presento me llamo Gabriel Cruz, pero la gente me conoce como el pequeño Gabriel o pescaito. Hoy se cumplen 7 años de mi muerte. Mi caso fue muy famoso en España, mi nombre no paraba de salir en los noticiarios de las cadenas de televisión más importantes, miles de personas viajaron hasta Almería para velar mi muerte y dar el pésame a mis padres. Mi nombre sigue siendo verbalizado por algunas de las personas de los pueblos de la zona.

 

El 27 de febrero, el día de mi desaparición, fue un día cualquiera, un día normal en mi pueblo, las Hortichuelas por la zona de Níjar. Recuerdo estar muy contento porque era el día de Andalucía, por lo que no tenía que ir al colegio y podía jugar en casa o con mis amigos. Estando en casa de mi padre a la hora de comer les pedí a él y a Ana Julia si podía ir a casa de la abuela a enseñarles unos juguetes nuevos; me dejaron ir con la condición de que terminase todos mis deberes antes.

 

Tras terminar y merendar, avisé a mi padre de que me tenía que ir y me pregunto si quería que me acompañase; le contesté que no porque ya era mayor, y me conocía el camino a casa de la abuela. Le dije adiós y le di un abrazo antes de irme.

 

Puse rumbo hacia la casa de mi abuela sobre las seis de la tarde. Solía ir todas las tardes después del colegio para merendar y hacer los deberes. Por eso me sabia tan bien el camino. Pero algo me pasó y no es que yo lo recuerde mucho; tengo algún que otro recuerdo borroso de mi caminado por la calle principal, llegando a la rotonda donde vivía mi abuela. Otro de mis últimos recuerdos es un coche que se asemejaba mucho al de Ana Julia, la novia de mi padre que me seguía. El mismo coche estaba ahí cada vez que me giraba y en cada esquina de las calles. No le di mucha importancia. Pero cuando estaba a `punto de llamar al timbre sentí como alguien me cogía por la espalda, seguidamente me tapaba la boca, y lentamente se me caían los párpados quedándome inconsciente.

 

Después de todo lo ocurrido volví a recuperar la consciencia, abrí los ojos desorientado e incapaz de moverme miré a todos los lados. Era un coche familiar, no logre llegar a ver quién lo conducía, pero llegue a la conclusión de que era el mismo coche que me estaba siguiendo hasta la casa de mi abuela.

 

 Con los ojos llenos de lágrimas, la voz rota del dolor y acumulando todas las fuerzas que me quedaban intente pedir auxilio gritando lo más fuerte que pudiese y golpeando el cristal. Al cabo de un rato me rendí y ya nos habíamos alejado definitivamente del pueblo. No paraba de llorar, tenía mucho miedo, y quería a volver a casa con papá y la abuela.

 

Recuerdo quedarme inconsciente y volver a despertarme varias veces, hasta que al maletero del coche se abrió. Al abrir los ojos por completo me di cuenta de que la persona del coche era Ana Julia. Al principio sentí alivio de encontrarla a ella, pero la reacción de Ana Julia no fue la que esperaba. Me empezó a gritar con una violencia incontrolada, había cambiado radicalmente, no era tan alegre y graciosa como solía ser y yo no entendía que pasaba y que había hecho de malo. Ana Julia me agarró del cuello cada vez más fuerte con una expresión de rabia en su rostro que me daba miedo. Intente ser fuerte, pero el agobio y el temor pudieron conmigo. Poco a poco iba notando como me quedaba cada vez más débil y me faltaba el aire, cayéndome al suelo y observando por última vez su cara.

 

Pasó una semana y mi nombre empezaba a sonar sin parar por toda la provincia de Almería. Cada día se llevaban a cabo un montón de búsquedas dirigidas por la Guardia Civil para encontrar mi cuerpo con o sin vida. Muchas personas de los pueblos de alrededor y de otras partes de España ayudaban a mis padres a buscarme. La gente empatizó mucho con mis padres y conmigo. Todo esto lo sé porque, aunque no me veían, yo estaba presente.

 

Al mes siguiente encontraron mi cuerpo sin vida en el maletero del coche de Ana Julia. La policía llevo a cabo una operación para poder detenerla. Tras ser arrestada se organizó un funeral en mi nombre al que acudieron un montón de personas para consolar a mis padres. También se generó un movimiento alrededor del país “todos somos Gabriel”. Aunque hayan pasado siete años desde lo sucedido mis padres, mis primos, mis amigos del cole y mi abuela siguen estando un poco tristes, pero no pasa nada, porque ellos siempre sabrán que les cuido desde arriba.

 

Ines Rodriguez Segura 1ºB,

2 de febrero 2025


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