Alejandra Altares (Mi ejemplo a seguir)


MI EJEMPLO A SEGUIR

 

Desde que nací, siempre fui su ojito derecho; seguramente no sabréis de quién os estoy hablando. Os voy a contar algunas cosas de su vida para que os podáis hacer una idea de quién es la protagonista de mi relato.

 

Nació en el verano de 1937, en plena guerra civil española; con esta pista probablemente ya tengáis una idea de quién os estoy hablando. Sí, hablo de mi abuela materna, para mí, mi Abu.

 

Ella me contaba que cuando era pequeña, sus dos hermanas, sus padres y ella vivían en un piso pequeño por la zona de Rosales, pero en aquella época no había mucho para comer debido a la postguerra. A pesar de las penurias, siempre me recordaba la bonita infancia que tuvo y que nunca le faltó de nada.

 

Mi abuela era una mujer muy adelantada a su tiempo, lo que hoy en día llamamos una abuela moderna. ¿Y por qué digo esto? Porque a sus 18 años se sacó el carné de conducir, algo muy normal hoy en día, pero para los años 50 no era nada común. Además, como empezó a trabajar muy pronto en la empresa Michelin, con su sueldo se compró su primer coche, un Fiat Seiscientos blanco, con el que hizo sus primeros viajes por España.

 

Por otro lado, lo que más le gustaba hacer los fines de semana era subir a Navacerrada a esquiar con sus amigos. Siempre me decía que era una de sus pasiones, y gracias a ella hemos heredado la tradición y el amor por el esquí.

 

Ya os he contado un trocito de su vida, pero ahora viene lo más importante para mí. Cómo era como persona. Era guapa, muy guapa; la llamaban Grace, por Grace Kelly. Era generosa, tranquila, inteligente, cariñosa, educada y lo que más destacaba de ella era su elegancia.

 

Mi abuela se casó mayor para la época que era y se quedó viuda a los 11 años de haberse casado, con una hija de tan solo 9 años a la que tenía que sacar adelante. Para ello se puso a trabajar, ya que cuando se casó lo había dejado. Ella solo pensaba en dar una buena educación a su hija, mi madre, y sacrificó su vida personal por alcanzar esta meta, por lo que no se volvió a casar. Durante este periodo de su vida estudió la carrera de Humanidades en la Universidad de Mayores de Alcalá de Henares. También dedicaba mucho tiempo a la lectura y su escritor favorito era Alberto Vázquez-Figueroa.

 

Al cabo de los años llegué yo a su vida, su primera y única nieta. Desde el principio me cuidó y me acompañó en mi día a día. Pasábamos mucho tiempo juntas, me recogía del cole en coche, jugábamos juntas al parchís y al rummikub, se quedaba en mi habitación hasta que yo me dormía y muchas cosas más que me eternizaría hablando de ellas.

 

Era una mujer muy religiosa, que me vio bautizarme y recibir mi primera comunión y una pena que no vaya a poder ser mi madrina en mi confirmación, porque sin lugar a duda la hubiese elegido a ella sin pensármelo.

 

Pero no todo era de color de rosas en la vida de mi abuela, siempre tuvo una salud muy frágil. Con 50 años le diagnosticaron una artritis reumatoide que al cabo de los años le provocó deformaciones en los dedos lo cual le dificultaba algunas cosas en su día a día, pero no le impidió vivir sola y llevar una vida normal, nunca la oí quejarse y siempre en su cara se reflejaba una sonrisa. También venció dos cánceres de mama.

 

Hasta que llegó el día en que todo cambió. Estando en casa se tropezó con una alfombra de su habitación, lo que provocó una caída que le fracturó la cadera. Estuvo ingresada en el hospital, donde le pusieron una prótesis de cadera con tan mala suerte que cogió una bacteria hospitalaria y contra esas es muy difícil luchar, y más cuando tienes una salud delicada.

 

Cuando ella vio que se acercaba el final de sus días, nos dijo a mi padre, a mi madre y a mí que quería que la incineráramos y esparciéramos sus cenizas en uno de los lugares que más feliz le habían hecho, en la Bola del Mundo de Navacerrada.  Y un 17 de enero de 2023 se fue en silencio, sin molestar como siempre había sido ella, discreta. Y allí descansa feliz desde entonces.

 

Tres años después, no hay día que no piense en ella. Siempre guardamos su sitio en la mesa y mi madre sigue cocinando sus comidas favoritas. Sé que desde el cielo ella cuida de mí, se alegra de todos mis logros y me guía en el camino.

 

Hasta que no pierdes a alguien muy cercano no sabes lo que significa la muerte. Este es mi pequeño homenaje a una de las personas más importantes de mi vida y que siempre permanecerá en mi corazón. Te quiero Abu.

 

        

 

           Alejandra Altares 1º Bachillerato A, febrero de 2026

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