MI EJEMPLO A SEGUIR
Desde que nací, siempre
fui su ojito derecho; seguramente no sabréis de quién os estoy hablando. Os voy
a contar algunas cosas de su vida para que os podáis hacer una idea de quién es
la protagonista de mi relato.
Nació en el verano de
1937, en plena guerra civil española; con esta pista probablemente ya tengáis
una idea de quién os estoy hablando. Sí, hablo de mi abuela materna, para mí,
mi Abu.
Ella me contaba que
cuando era pequeña, sus dos hermanas, sus padres y ella vivían en un piso
pequeño por la zona de Rosales, pero en aquella época no había mucho para comer
debido a la postguerra. A pesar de las penurias, siempre me recordaba la bonita
infancia que tuvo y que nunca le faltó de nada.
Mi abuela era una mujer
muy adelantada a su tiempo, lo que hoy en día llamamos una abuela moderna. ¿Y por
qué digo esto? Porque a sus 18 años se sacó el carné de conducir, algo muy
normal hoy en día, pero para los años 50 no era nada común. Además, como empezó
a trabajar muy pronto en la empresa Michelin, con su sueldo se compró su primer
coche, un Fiat Seiscientos blanco, con el que hizo sus primeros viajes por
España.
Por otro lado, lo que más
le gustaba hacer los fines de semana era subir a Navacerrada a esquiar con sus
amigos. Siempre me decía que era una de sus pasiones, y gracias a ella hemos heredado
la tradición y el amor por el esquí.
Ya os he contado un
trocito de su vida, pero ahora viene lo más importante para mí. Cómo era como
persona. Era guapa, muy guapa; la llamaban Grace, por Grace Kelly. Era
generosa, tranquila, inteligente, cariñosa, educada y lo que más destacaba de
ella era su elegancia.
Mi abuela se casó mayor
para la época que era y se quedó viuda a los 11 años de haberse casado, con una
hija de tan solo 9 años a la que tenía que sacar adelante. Para ello se puso a
trabajar, ya que cuando se casó lo había dejado. Ella solo pensaba en dar una
buena educación a su hija, mi madre, y sacrificó su vida personal por alcanzar
esta meta, por lo que no se volvió a casar. Durante este periodo de su vida
estudió la carrera de Humanidades en la Universidad de Mayores de Alcalá de
Henares. También dedicaba mucho tiempo a la lectura y su escritor favorito era
Alberto Vázquez-Figueroa.
Al cabo de los años
llegué yo a su vida, su primera y única nieta. Desde el principio me cuidó y me
acompañó en mi día a día. Pasábamos mucho tiempo juntas, me recogía del cole en
coche, jugábamos juntas al parchís y al rummikub, se quedaba en mi habitación
hasta que yo me dormía y muchas cosas más que me eternizaría hablando de ellas.
Era una mujer muy
religiosa, que me vio bautizarme y recibir mi primera comunión y una pena que
no vaya a poder ser mi madrina en mi confirmación, porque sin lugar a duda la
hubiese elegido a ella sin pensármelo.
Pero no todo era de
color de rosas en la vida de mi abuela, siempre tuvo una salud muy frágil. Con
50 años le diagnosticaron una artritis reumatoide que al cabo de los años le
provocó deformaciones en los dedos lo cual le dificultaba algunas cosas en su
día a día, pero no le impidió vivir sola y llevar una vida normal, nunca la oí
quejarse y siempre en su cara se reflejaba una sonrisa. También venció dos cánceres
de mama.
Hasta que llegó el día en
que todo cambió. Estando en casa se tropezó con una alfombra de su habitación,
lo que provocó una caída que le fracturó la cadera. Estuvo ingresada en el
hospital, donde le pusieron una prótesis de cadera con tan mala suerte que
cogió una bacteria hospitalaria y contra esas es muy difícil luchar, y más
cuando tienes una salud delicada.
Cuando ella vio que se
acercaba el final de sus días, nos dijo a mi padre, a mi madre y a mí que
quería que la incineráramos y esparciéramos sus cenizas en uno de los lugares
que más feliz le habían hecho, en la Bola del Mundo de Navacerrada. Y un 17 de enero de 2023 se fue en silencio, sin
molestar como siempre había sido ella, discreta. Y allí descansa feliz desde
entonces.
Tres años después, no
hay día que no piense en ella. Siempre guardamos su sitio en la mesa y mi madre
sigue cocinando sus comidas favoritas. Sé que desde el cielo ella cuida de mí,
se alegra de todos mis logros y me guía en el camino.
Hasta que no pierdes a
alguien muy cercano no sabes lo que significa la muerte. Este es mi pequeño
homenaje a una de las personas más importantes de mi vida y que siempre
permanecerá en mi corazón. Te quiero Abu.
Alejandra Altares 1º Bachillerato A, febrero
de 2026
Comentarios
Publicar un comentario