ANTES
DE QUE PUDIERA RECORDARTE
Aquel día era un día normal, bueno, normal tampoco,
comenzaban una mudanza y con ello una nueva etapa. Su casa, la que había sido
su hogar durante tantos años, ya no se parecía ni un poco a lo que era. La casa
ya no sonaba a risas ni a pasos conocidos, sino al eco de una despedida que
nadie se atrevía a nombrar. En fin, todo aquello que conlleva una mudanza.
La familia Standford, la familia de Elsy, había decidido
comprar una casa más grande. Donde poder seguir creciendo con mayor comodidad.
A Elsy esta idea no le hacía especial ilusión. Ahora se encontraría un poco as
lejos del cole y, aunque su habitación iba a ser mucho más grande, el dejar de
ser vecina de su mejor amiga hacía que los beneficios del cambio se nublaran en
su mente.
Su madre le gritó: “¡Elsy aún no has empezado! tienes muchas
cosas que meter en las cajas o lo haces ya o se quedarán aquí” Elsy se pudo sus
cascos y se dispuso a hacer lo que llevaba días posponiendo, recoger su hogar.
No paraban de salir cosas de los cajones, saco cosas que no
había visto nunca o en las que nunca se había parado a pensar. Quizás llevaban
ahí desde que ella nació. En uno de los armarios, encontró una caja antigua que
nunca había visto, pero, que le llamó curiosamente la atención. Al abrirla lo
primero que vio fue una foto de su abuela, aunque ella ni siquiera la recordaba
porque falleció cuando ella era chiquitita, había visto en numerosas ocasiones
fotos de ella y supo reconocerla al instante. Junto a la foto había una carta
con su nombre y una pulsera de oro antigua.
Pensó en abrir la carta y leerla, pero en ese mismo momento
oyó los pasos de su hermano que subían la escalera y se dirigían a su
habitación, por lo que la guardo y decidió que nada más llegar a la otra casa
la leería.
Pasaron los días y todo había transcurrido según lo esperado,
ya se estaban instalando en su nueva casa. Elsy seguía poco convencida con la idea,
pero, le tocaba asumirlo porque la decisión ya estaba tomaba y no había vuelta
atrás. Nada más llegar, se tumbó en su nueva cama y tras pensar un rato en
silencio, el recuerdo de la carta de su abuela vino a su mente.
Rebuscó
entre las cajas y allí estaba la caja de madera y dentro su carta. El silencio
de la habitación nueva era tan profundo que Elsy pudo escuchar los latidos de
su propio corazón mientras sostenía el sobre entre las manos. Respiro hondo y
comenzó a leer,
Mi pequeña,
No sé cuántos años tendrás cuando leas esto. Cuando me vaya
tu todavía serás muy pequeña, así que es posible que no me recuerdes muy bien,
no pasa nada, a veces el cariño se queda incluso en los recuerdos que se
borran.
Yo, me encuentro eternamente agradecida a la vida de poder
haberte conocido.
Solo quería dejarte un mensaje con algunas cosas que he
aprendido.
No siempre vas a saber que hacer, como seguir y eso es
normal. Confía en ti incluso cuando te equivoques porque de los errores también
se aprende a vivir.
No intentes ser quien los demás esperan. Se quien te haga
sentir tranquila cuando estés sola.
Y cuida a las personas que cuidan de ti. Yo cuido desde aquí
arriba de ti.
Si alguna vez dudas de ti, piensa que alguien te quiso antes
de que pudieras recordarlo. Yo te quise desde el primer instante y ese amor no
se desgasta con los años.
Nunca dejes de sonreír porque si algo voy a recordar siempre
es el brillo de tu sonrisa.
Todo lo que no puede decirte en voz alta
Desde algún lugar muy cercano
Tu abuela
Te quiere
Sin saber muy bien cómo ni porque las lágrimas saltaban de
los ojos de Elsy y esa carta acababa de llenar ese vacío que sentía y le dio
las ganas para seguir adelante y ser feliz
Andrea Ruiz
1º A BACH 25 12/2025
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