Clara Abejón (Leonidas)


 

LEONIDAS

 

En una tarde de verano, estaba hablando con mis primos en el jardín, contando anécdotas familiares y de temas diversos mientras esperábamos a la cena. En ese momento mi prima preguntó: “¿queréis saber la historia de cómo el tío Carlos conoció al abuelo?”. Lo dijo con esa cara de pícara tan parecida a la que pone mi tita María antes de contar historias de terror que sabe perfectamente que les darán pesadillas a mis primos pequeños por el resto de la semana... o el mes. Y con eso empezó la historia:

 

Carlos se casó con mi tía Marta, la mayor de las hijas de mis abuelos y, por lo tanto, fue de las primeras en traer un novio casa. 

 

Y mi abuelo; un hombre marcado por la guerra y por las historias de su padre, que a su vez también se enfrentó a sus batallas; decidió sacar su vena más pilla e ideó un plan para poner a prueba a este chico.

 

A ver, mi abuelo en ese momento no sabía mucho de mi tío. Pero por lo que había escuchado de las veces que sus hijos habían hablado de él, podía deducir el carácter escrupuloso que parecía tener. Y bueno, a mi abuelo siempre le ha encantado contar historias, así que se le ocurrió contarle una anécdota familiar que pensó que le podría enseñar un par de cosas.

 

Así que, esa noche, mientras cenaban y Carlos disfrutaba de la comida de mi abuela mi abuelo no necesitó invitación para empezar a relatar la historia de Leonidas:

 

Leonidas era un familiar nuestro, y un buen soldado, como era de esperar, sin embargo, esto no le salvó en el campo de batalla, las circunstancias exactas se perdieron por el camino, pero la verdad es que Leonidas fue alcanzado por fusil y acabó gravemente herido en el estómago, sus compañeros le llevaron lo más rápido que pudieron al hospital campaña. Cuando llegó el cirujano anunció que le tenían que operar de emergencia, pero claro, en la guerra siempre faltan recursos y en ese momento faltaba anestesia y personal. Tendría que operarse totalmente consciente. Aun así, Leonidas no dudó, quería sobrevivir. Así que el cirujano le puso una linterna en la mano y le pidió que apuntara para que pudiese ver y con uno de sus compañeros al lado, su compañero que se había ofrecido a ayudar con la esperanza de salvar a su amigo, sintió como el cirujano empezaba a cortar y como sacaba la metralla y después como, al complicarse la tarea, le sacaba sus propios intestinos para colocarlos en las manos de su amigo para q los sujetara y poder así sacar los trozos de metralla uno a uno, sin embargo, aquel chico que solo quería ayudar se vio superado por la impresión y se desmayó. Leonidas, sin dudarlo, puso su propia mano, agarrando el culpable por el que sentía que su vida se le escapaba del cuerpo, y resistió, resistió por el puro ímpetu de querer agarrarse a la vida con las dos manos, y siguió resistiendo mientras le terminaban de sacar la metralla y mientras finalmente colocaban sus interiores y le cosían.

 

Leonidas murió esa noche, explicó mi abuelo, pero no es recordado como ningún perdedor, porque nunca se rindió, ni se quejó, lucho por volver a casa con la última de sus fuerzas, y por eso es recordado como ejemplo de fuerza y de valor

 

A Carlos se le había quitado el apetito, después de la historia no comió mucho más y menos cuando mi abuelo decidió ir a buscar el pequeño cuadro de Leonidas, con sus intestinos en una mano y una linterna, en la otra que guardaba en su cuarto. Mientras tanto, su hija le lanzaba una mirada asesina que el ignoro descaradamente.

 

Esa noche Carlos llego a su casa con un nudo en el pecho y con un poco de miedo, preguntándose donde se había metido. Y mi abuelo, por su parte, se fue a dormir orgulloso y con una hija enfadada.

 

Los años pasaron y no se volvió a hablar de esa historia. Finalmente, mis tíos se casaron y poco después tuvieron a su primer hijo. Mi abuelo fue contento a conocer a su primer nieto, un niño llamado de primer nombre David y de segundo Leonidas.

 

Clara Abejón Meléndez, 1ºA, 5/6/2026

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