Me llamo
Gabriel.
Antes de
que mi nombre se convirtiera en noticia, en cartel, en grito colectivo, yo era
solo un niño de 8 años. Un niño con rodillas raspadas que le gustaba jugar y
tenía una forma muy particular de mirar al suelo. No porque fuera tímido, sino
porque me gustaba observar las piedras, algunas lisas, pequeñas, raras o
incluso brillantes. Aquel día salí de casa de mí abuela a casa de mis primos, pensando
en lo bueno e increíble que es el mundo y la suerte que tenía de tenerlos.
Recuerdo el
sol. Recuerdo el polvo del camino y el sonido de mis pasos pequeños. Iba dando
pequeños saltos ya que estaba muy emocionado por ver a mis familiares e iba
tarareando una canción que me enseñó mi padre hace tiempo pero no recordaba
bien la letra. No sabía que ese paseo iba a ser el último, la última vez
cruzando esa calle. Tan solo eran unos 100 metros, 30 segundos. Mi mente
infantil no veía ningún mal y mi padre pensaba que en esos segundos nada malo
podría pasar.
Ana Julia
era alguien que conocía. No veía el peligro en ella porque si mi padre se
enamoró de ella, significaba que tenía un gran corazón. Ella y yo siempre
jugábamos a un juego que nos inventamos sobre adivinar películas con gestos y
también horneábamos bizcocho cada domingo.Yo confié como cualquier niño habría
hecho y esa confianza fue lo que me arrancaron.
No entendí
porque el miedo llegó de golpe. No entendí porque nadie venía. Pero si sentí
algo muy claro: que quería volver a casa, que quería estar con mi familia, que
quería seguir siendo un niño feliz. Nunca había experimentado una traición como
la que sentí aquel día.
Mis
familiares se preocuparon al ver que yo no llegaba y en ese instante salieron a
buscarme como si la vida les fuera en ello. Pasaron horas y horas y no había ni
rastro de mí. Al cabo de unos días fui el niño más buscado de toda España, la
policía se pasaba noches buscándome pero no conseguían avanzar en el caso. Ana
Julia parecía estar muy conmovida por la situación, pero de forma exagerada, y
eso si les hizo sospechar.
El 11 de
marzo es una fecha que a día de hoy sigue doliendo en mi familia, ya que ese
día por fin aparecí, aunque no de la manera que les habría gustado. Me
encontraron sin vida en el maletero de Ana Julia con la camiseta blanca que
llevaba el día que desaparecí pero esta vez estaba ensangrentada. También
estaba envuelto en una manta que ella sacó del salón de su casa. No lo podían
creer, como había sido capaz de hacer tal cosa a un niño tan inocente como el
que era yo.
Mi nombre
comenzó a escucharse en bocas que no conocía. Personas que jamás habían visto
mis ojos lloraban por mi. Después de todo esto dijeron que yo era “el niño del
caso” o “el niño asesinado” pero yo era más que eso. Era un hijo, un amigo, un nieto,
alguien muy querido.
Mi historia
duele, no porque deba doler sino porque ningún niño tendría que pasar por lo
que tuve que pasar yo ni aprender lo que es el miedo de esa forma. Desde ese
momento se me recuerda con el símbolo de un pez porque yo siempre había soñado
con ser biólogo marino de mayor y ahora nunca sería capaz de cumplirlo.
Soy Gabriel
y espero que mi historia nunca sea olvidada.
Lola Pimentel 1ºA (febrero 2026)
Comentarios
Publicar un comentario