Ana de Cevallos Linares (El final)

 EL FINAL

Llevo toda mi vida en el Colegio San Agustín.

Es raro decirlo así, pero es verdad. Desde la guardería, pasando por infantil, primaria, la ESO… y ahora bachillerato. Prácticamente no recuerdo una etapa de mi vida en la que este colegio no haya estado presente. Ha sido siempre el mismo sitio, los mismos pasillos, el mismo lugar al que volver cada día.

Y durante mucho tiempo eso me parecía lo normal.

Venir al colegio, ver a la misma gente, compartir clases, días buenos y días malos… sin pensar demasiado en ello. Como si fuera algo que simplemente iba a estar siempre ahí.

Pero ahora no.

Ahora estamos en los dos últimos años de bachillerato, y eso significa cerrar una etapa que ha sido toda nuestra vida hasta ahora. Y es en este momento cuando empiezas a darte cuenta de todo lo que realmente ha significado.

Porque el colegio no ha sido solo un lugar donde aprender asignaturas. Ha sido el sitio donde hemos aprendido a ser quienes somos. Donde hemos cambiado, crecido, y vivido cosas que, aunque en su momento parecían pequeñas, han ido construyendo todo.

Aquí he conocido a personas que forman parte de mi vida desde siempre. Personas con las que he compartido años enteros, momentos buenos y otros no tanto, risas sin motivo y también días en los que nada salía bien. Porque no todo ha sido perfecto, y precisamente por eso todo ha sido real.

Ha habido días en los que venía con ganas, feliz, sabiendo que me esperaba un buen día. Y también otros en los que no quería venir, en los que el colegio pesaba más, en los que todo parecía más difícil: exámenes, trabajos, agobios… momentos en los que solo querías que pasara el día rápido.

He suspendido exámenes, me he agobiado por notas, he sentido presión y cansancio. Pero también he tenido alegrías, momentos en los que todo salía bien, en los que te sentías orgulloso, en los que te dabas cuenta de que todo el esfuerzo tenía sentido.

Y al final, todo eso también forma parte de lo que es este colegio para mí.

Porque no es solo lo bueno. Es todo.

Es cada día vivido aquí, incluso los que no parecían importantes. Es cada momento compartido con personas que han estado presentes durante años, creciendo a la vez que tú, cambiando contigo sin que apenas te dieras cuenta.

Y es que, aunque muchas veces no lo valoremos, tener a las mismas personas alrededor durante tanto tiempo es algo que no se repite fácilmente.

No me imagino mi vida en otro colegio. No me imagino haber crecido en otro sitio, con otras personas, con otros recuerdos. Porque todo lo que soy ahora, de alguna manera, está ligado a este lugar y a todo lo que he vivido aquí.

Siento que he estado en el mejor sitio en el que podría haber estado.

Y quizás por eso ahora cuesta más pensar en el final.

Porque, aunque el año que viene va a ser duro, lleno de esfuerzo, de decisiones importantes y de presión, también va a ser el último año juntos. El último año en el que todo esto va a seguir siendo nuestra realidad. Y eso le da un valor distinto.

Porque sabemos que después cada uno seguirá su camino. Que conoceremos gente nueva, que viviremos otras cosas, que nuestra vida cambiará. Y aunque eso también es parte de crecer, hay algo que no se puede repetir.

Nunca vamos a volver a coincidir todos en el mismo punto, en la misma etapa, de la misma manera. Nunca va a ser como ahora.

Por eso, aunque a veces no lo parezca, este último tiempo es de lo más importante que tenemos ahora mismo.

Es el momento de aprovechar, de valorar lo que tenemos, de estar más presentes. De no dejar pasar los días como si fueran a repetirse siempre. Porque no lo harán.

Y aunque todavía queda un año, en el fondo ya empezamos a despedirnos poco a poco, sin decirlo, sin darnos cuenta del todo.

Pero quizás lo importante es que, cuando todo esto termine, podamos mirar atrás y saber que lo hemos vivido de verdad. Que hemos aprovechado cada momento, incluso los más simples.

Porque al final, lo que de verdad nos vamos a llevar no son las notas ni los exámenes.

Son las personas. Son los recuerdos. Es todo lo que hemos vivido aquí. Y eso, aunque pase el tiempo, nunca se pierde.

Ana de Cevallos Linares 1A, abril 2026

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