Andrea Ruiz (Asili)

 

 

ASILI

 

Hay olores que recuerdas, como ese que respiras al bajarte del coche al llegar a un lugar que adoras, ¿pero te has parado a pensar a que huele realmente?

 

Comencemos desde el inicio, allí identifico muchos olores. Por un lado, el de la pastelería Porras, que desde pequeña ha puesto el toque dulce a celebraciones, meriendas improvisadas y tardes de atracón de chuches en verano. Por otro lado, tenemos el olor de invierno, ese frio que entra por la nariz, pero al mismo tiempo lleva el aroma a chimenea encendida. Y, por último, tenemos el olor que permanece, el de campo, hierva y fresco que tanto añoramos los que vivimos en la ciudad.

 

La historia de mi pueblo comienza mucho más allá, casi cuando los humanos ni siquiera existíamos y así es, con los dinosaurios, que dejaron huellas imborrables, un legado histórico que aun podemos visitar. También con los Siete Infantes de Lara, leyenda que data del siglo X y que da nombre al pueblo, Salas de los Infantes. Las cabezas de los Infantes se encuentran depositadas en la iglesia, lugar donde todo cobra sentido. Allí, Nuestra Señora espera cada 13 de agosto a que llegue vestida de serranita y con un ramo con las mejores flores para entregarle.

 

La ofrenda floral va seguida del chupinazo, que da inicio a los cuatro días más felices del año, donde junto a mi segunda familia, mi peña, bailamos y desfilamos con carrozas hechas a mano en tiempo récord, un espectáculo que nadie puede perderse. Continua con nuestras inigualables subidas y bajadas de los toros, en conga, acompañados de la charanga, que junto a la banda del pueblo y las risas ponen tono a nuestras fiestas patronales de Nuestra Señora y San Roque.

 

En aquel lugar, no se me conoce por mi nombre, sino por de quién soy. Y siempre que pregunten, con la cabeza bien alta responderé "de los Ruiz Espeja”, haciendo honor a mi abuelo, camionero de profesión y que con su empresa sacó adelante a cinco hijos. Como olvidarme de mi abuela, que nos dejó hace casi un año, pero que sigue aquí más cerca que nunca. Luchó contra dos Cáncer de mama, contra mil dolores y una infección, que parecía una risa después de todo lo que había superado, nos la arrebató de un día para otro. Supongo que nunca dejara de doler ver su sillón vacío al lado del abuelo, pero si algo me ha dejado de herencia es aquel lugar que nos une y nos mantiene juntas.

 

 

Desde prácticamente cualquier punto de Salas de los Infantes se puede admirar la Peña, montaña que esconde mi segundo pueblo, otro pedacito de mí, Carazo. Dónde mis dos abuelos, desde su casa, la antigua fragua, hacen que un pueblo que tiene tan solo 16 habitantes en invierno siga teniendo vida y esté perfecto para cuando nosotros lleguemos. Mi abuelo, con su pasión por el huerto y la caza, y mi abuela, con su amor incondicional y su servidumbre, siempre junto a mi perro Otto, esperan día tras día con los brazos abiertos para vernos llegar. Allí también espera la Virgen del Sol, que desde su ermita, en lo alto de la montaña guarda y protege a todos los que formamos parte de su pueblo.

 

Si me paro a pensar no existe un solo verano, un solo finde, o un momento importante de mi vida que no se sitúe entre aquellos dos pueblos. Amigos, familia y animales hacen que la vida allí sea feliz para mí. Son mi Asili.

 

Asili, en idioma suajili, expresa origen de algo, especialmente de una persona. Se refiere a tus raíces, al lugar de dónde vienes, lo que te define y te conecta con tu identidad. Tengo claro que no existe palabra que exprese mejor el sentimiento que tengo hacia mis pueblos, lugares que me han visto crecer y espero seguirán viéndome por mucho tiempo.

 

Andrea Ruiz Correal 1º BACH. Abril 2025

 


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