Ariana Castaño (Perdón)

 

PERDÓN

Tenía doce años, estaba esa edad en la que crees saber mucho más de lo que todavía puedes entender. Quizá eso fue lo que me hizo estar aquí. Era primavera. Nos estábamos quedando en nuestra villa en el precioso y verde campo de Inglaterra. Siempre me había encantado venir aquí. Pero esta vez no nos servía solo de lugar de descanso. Era también un refugio. Era 1939 y, aunque todavía no había estallado la guerra, todos sabíamos que sería cuestión de tiempo.

 

Me pasaba los días nadando en el río, leyendo o escribiendo novelas que eran y siguen siendo una de mis grandes pasiones. También pasaba gran parte del tiempo con mi hermana mayor Elizabeth, aunque ella ya no parecía tan interesada en estar conmigo. La culpa de esto la tenía Will. 

 

Conocía a Will desde que tenía memoria y aunque me costara admitirlo, la verdad es que era una persona encantadora, siempre atento y servicial. Aunque su llegada a nuestras vidas no fue nada sencilla. 

 

El padre de Will era un rico y prestigioso dueño de una fábrica de automóviles, pero él no había heredado ni un penique de su fortuna, ya que habían cortado cualquier relación que pudieran tener. El caso es que después de eso Will quedó completamente desamparado. Y con 16 años mi difunto padre vio algo en él por lo que consideró que merecía la pena apostar. Y así decidió contratarle y a cambio de un salario y una pequeña habitación en nuestra casa se había encargado desde entonces de las reparaciones, el mantenimiento, y gestiones del negocio

 

 

Will se había convertido en uno más de la casa, y aunque técnicamente fuera un empleado, no se le trataba como tal. Aunque él siempre había sido muy amable conmigo y siempre cuidó de mí. Algo de su secretismo acerca de su parte y mis prejuicios hacían que siempre intentara buscar razones para desconfiar de él.

 

Mi hermana y Will se hicieron inseparables desde su llegada. Pero estos últimos años había habido un cambio evidente en su relación y no hacía falta pasar mucho tiempo en casa para darse cuenta de que estaban enamorados uno del otro. Se podría decir que esto a mí me provocaba ciertos celos y no hacía aumentar mis ganas de encontrar cosas en su contra. 

Un día de mayo, regresó mi hermano George. George ya contaba con su propia exitosa empresa. Pero no venía solo, George había invitado a un grupo de conocidos de los negocios uno de ellos llamado Mr. Jones. Mi madre, por su parte, invitó a una niña conocida, según ella, para hacerme compañía. Más tarde ese día nos sentamos a cenar y pasado un rato nos levantamos de la mesa y mientras los adultos charlaban yo decidí salir al jardín. Aquella noche hacía demasiado calor para ser primavera. Nadie debería haber estado fuera a esas horas. Yo tampoco.

 

Mientras daba un paseo de repente vi cómo un coche atravesaba rápidamente el jardín y unos segundos más tarde un golpe secó. Cuando todavía no había tenido tiempo de reaccionar, vi como una figura que identifiqué como un hombre salía del coche corriendo y se escabullía entre los alrededores de la casa. Corriendo grité a la figura, pero no se dio la vuelta, al acercarme al coche vi que era el de la familia y también vi a una niña tirada enfrente del coche y al fijarme bien la identifiqué como una de las niñas que mi madre había invitado. 

 

Los adultos salieron al jardín asustados por el ruido y al ver el horror y el coche vacío me preguntaron qué había pasado, yo les expliqué que había visto, y mi hermano y algunos de sus compañeros comenzaron a buscar a la figura. En medio de todo el caos logré darme cuenta de las únicas dos personas que no estaban en la escena, Mr. Jones, mi hermana y como no Will.

 

Llegó la ambulancia y la policía, y al haber sido yo el único testigo del accidente, comenzaron a interrogarme. Entramos en la casa donde encontramos a mi hermana y a Will todavía en el comedor, y Mr. Jones está dormido en una silla. La niña pudo despertarse, eso sí, no salió ilesa, sufrió roturas en ambas piernas y un par de costillas. También la interrogaron a ella, pero la luz la cegó y no fue capaz de ver al conductor. 

 

En ese momento guiada por el rencor, la envidia y una conclusión precipitada, aseguré ante los policías que sabía quién había sido. Después de todo él era el único que sabía dónde estaban las llaves, además, él era el único aparte de Mr. Jones, que no había estado fuera en el jardín. En ese momento para mí esas fueron razones suficientes para que cuando el policía me preguntó si le había visto la cara, dije que sí. Mr. Jones confirmó mi versión de los hechos diciendo que él también había visto cómo Will se escabullía unos minutos antes del accidente y más tarde volvía corriendo. A pesar de que mi hermana asegurara que Will había estado con ella todo el rato, nadie la creyó porque daban por hecho que haría lo que fuera para protegerle.

 

Will fue a parar a una cárcel lejana y por su parte mi hermana se fue de casa enfadada conmigo y nuestra familia. Estudió enfermería y se mudó a Francia y con la llegada de la guerra estuvo muy ocupada, pero siempre tuvo tiempo para escribir a Will. Ella nunca dudó de él. Ella siguió visitándole y más tarde escribiéndole cartas. Ya que en 1943 Will fue reclutado para el ejército y enviado a la guerra, para él cualquier cosa era mejor que la cárcel.

 

Pasó el tiempo y con ello aumentó mi madurez. Poco a poco empecé a pensar en que me había equivocado y que a lo mejor mi hermano no era el que había estado cegado por el amor, sino yo por el rencor y el odio. Como forma para remediar mi error y ayudar a mi conciencia decidí al igual que mi hermana estudiar enfermería y fui destinada a Francia, ahí intenté contactar con ella buscándolo en todos los hospitales por lo que pasaba, quería es más necesitaba disculparme no solo con ella sino también con Will.

 

Después de mucho tiempo buscando encontré un registro con todos los nombres de las enfermeras de la región y sus direcciones. Entre ellas estaba Elizabeth. Logré superar mis miedos y fui a la dirección. Le pedí que me dejara entrar y en contra de lo que me esperaba lo hizo. Al entrar me encontré con un rostro familiar, el de Will. Me pidió que me fuera, y me dijo que no aceptaría mi perdón. Yo les expliqué que mi idea era retirar los cargos en contra de Will porque, aunque el daño ya estaba hecho, por lo menos así limpiaría su nombre.

 

Cumpliendo con mi promesa, volví a Inglaterra e hice lo que prometí. Will y Elizabeth pudieron volver al país esta vez como personas nuevas y pudiendo estar juntos.

 

O al menos así es como me gustaría que hubiera sido. Lo cierto es que nunca fui lo suficientemente valiente para ir a la casa de mi hermana ese día para remediar mi error. Y aunque me encantaría decir que Elizabeth y Will pudieron reempezar su vida juntos, tampoco fue así. Will murió luchando en la guerra y Elizabeth murió en un bombardeo. Esta es mi forma de pedir perdón para que de alguna forma tengan su final feliz

 

                                                                                     Ariana Castaño Sánchez 1ºA 12/04/25


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