MI
PASION
Me levanto por la mañana, miro el
calendario, es 29 de junio. Fuera hace un día de verano, caluroso y con
buenísimo tiempo, las nubes no dan señales y el sol brilla como nunca. Hoy es
un día de trabajo importante, no cualquier día es así, hoy tomare la iniciativa
a un nuevo puesto, a un nuevo mundo. Tengo 21 años y ya se que mi trabajo no es
uno cualquiera, es especial y tengo una pasión por el que ni siquiera puedo
explicar. Me fascina lo que hago y como lo hago, y algún día aspiro a ser el
mejor, si lo que escucháis, y el mejor no solo de España, si no del mundo
entero.
Me preparo y emprendo mi viaje, voy
a Burgos, allí me están esperando, tengo unos nervios que me reconcomen por
dentro, no se si de verdad estoy preparado para subir puesto, o si hoy es el
día indicado. Tengo miedo, cualquier cosa puede pasar, y eso me aterroriza. No
cualquiera se arriesga la vida al ir al trabajo, solo los que tenemos esta
digna e inexplicable vocación. Encima yo que soy una persona a la que le
fascina vivir al limite, al riesgo de la vida. Bufff, me vuelan mariposas por
todo el cuerpo.
Ya llegamos a Burgos, son las dos
de la tarde, voy a comer, pero no tengo casi apetito, estamos en un hotel, muy
elegante para mi gusto, pero fuera de lo que suelo ver normalmente, el norte no
se parece en nada al sur. En Sevilla todo es mucho más colorido, con más
armonía, Burgos se me hace más triste, ojalá a ver podido tomar la alternativa
en mi ciudad natal. Pero bueno, a veces esto es lo que hay.
He acabo de comer, y he descansado,
pero aun así no estoy mas tranquilo, el corazón me va a mil, son casi las cinco
y ya me tengo que dirigir al punto de encuentro, ahí conoceré a mi padrino,
quien será quien me ayude a emprender este largo viaje. Antes de eso entran mi
familia y mis amigos mas cercanos a la habitación del hotel, me voy a vestir, y
es que si, para este trabajo hay un uniforme, pero no uno cualquiera si no uno
que te diferencia de los demás y que indica lo que haces, uno que vale oro, que
se te clava en el corazón al ponértelo.
Ahora si que si me dirijo para ya, debo
de ser valiente y de estar con la cabeza bien alta, si tengo miedo, pero algo
que tengo claro es que no soy un cobarde. Ya llegamos a nuestro destino, me
tiemblan las piernas y para relajarme me fumo un puro, saludo a mis acompañantes,
los que me van a ayudar, los que se arriesgaran conmigo, conozco a mi padrino,
se llama Cesar, me dice que soy un gran
hombre y que seguro que hoy lo voy a hacer estupendamente, me alegra
conocer a alguien con tanta pasión como yo, y que me entienda. Me relajo mucho
mas, pero sin darme cuenta se va acercando la hora.
Son las seis de la tarde, y esto ya
va a empezar, empieza a sonar musica, exactamente unas trompetas, que nos
indican que se inicia el paseillo, se abren las puertas y veo el sol radiante, tiemblo,
hay miles de personas mirándome fijamente, esperando a ver que es lo que voy a
hacer hoy. Todos se levantan y aplauden, siento que no les puedo fallar, debo
de cumplir con sus expectativas. Seguimos andando hacia adelante, ahí enfrente mío
un poco mas arriba esta la persona mas importante, el presidente, el es quien
me dará el visto bueno.
Se acaba el paseillo y cada uno nos
vamos a nuestros puestos, pasan unos veinte minutos hasta que me toca a mi, mi
compañero anterior ha hecho un trabajo fascinante, pero ahora me toca destacar
a mi. Cojo mi capote y salgo al ruedo, los aficionados aplauden y me miran
expectantes , esperando a ver que es lo que va a suceder. Yo saludo a la plaza,
y me quedo mas o menos en el medio, inicia un momento de silencio, mi cabeza se
cierra a todos los demás pensamientos, en lo único que pienso es en “Guerrero”,
quien saldra de esas puertas para dar su vida, casi al igual que yo.
Parpadeo un segundo y al abrir los
ojos ya lo veo, es precioso, nunca he visto algo igual, no se ni como
describirlo, su pelo negro brilla ante la luz del sol, y su morro me esta
mirando fijamente. Viene hacia mi, y de una forma muy veloz, coloco mi capote y
le doy mi primer capotazo, me alejo un poco y sigo así durante un buen rato. Suenan
las trompetas y salen los picadores, espero que no destrocen mi toro, no quiero
que le hagan daño. Pasa un rato y allá va la primera picada, lo ha hecho bien,
después de un rato tiene lugar la segunda, no ha estado mal. Los picadores se
van, doy un par de capotazos y llegan las banderillas, han sido clavadas como
finas agujas, mi toro sigue fuerte, es un luchador y eso me gusta, lo admiro
mucho.
Llega mi momento, en ese tiempo
solo había demostrado algunas cosillas, ahora toca demostrar todo. Estoy solo
ante el, me cambio el capote y cojo uno de color rojo, ese color de fuerza, de pasión,
de sentimiento por algo inexplicable. Me enfrento al toro, solo estamos el y yo
en la plaza, solo existimos nosotros dos y el silencio, y debemos de demostrar quien
es el que saldrá de aquí, el que quedara como vencedor, pero eso no implica que
el contrario no haya demostrado nada, el que es vencido también ha dejado toda
su piel y sangre en el ruedo.
Empieza el espectáculo, “Guerrero”
viene corriendo hacia mi, sin prisas, el no las tiene, yo me coloco y me
empieza a dar juego. Los dos demostramos nuestras habilidades ante el publico,
bailamos por el terreno sintiendo la arena en los pies, los dos nos jugamos
mucho, pero el se juega todo. Llevamos un buen rato gastando movimientos, ha
sido apasionante pero no lo suficiente. Me quiero arriesgar mas, así que le doy
el ultimo capotazo al toro y paro de moverme. El publico aplaude, pero ellos no
constan de mi próximo movimiento, me pego todo lo que puedo a “Guerrero”, estoy
al lado suyo, casi noto que su cuerno esta rozando con mi barbilla, siento como
respira, y casi puedo escuchar los latidos de su corazón tan grande. Le dirijo
hacia mi capote, estamos tan solo a unos centímetros de distancia, el agacha la
cabeza y pasa por al lado mío, me roza la cadera, y yo siento un escalofrío recorrer
mi cuerpo, volvemos a empezar.
La plaza esta anima, escucho el
“Ole” salir de sus bocas. A “Guerrero” ya se le nota un poco cansado, yo
también lo estoy, pero no tanto como el, esto pronto llegara a su fin. Muevo el
capote con mucha elegancia, da vueltas sobre el aire, y gira como los volantes
de un vestido de flamenca, también lo muevo acariciando el suelo, esa tierra
sagrada en la que “Guerrero” ya esta dejando casi todo lo que tiene. Entonces
llega la parte final, el desenlace. Me dirijo hacia un burladero, cambio el
capote y recojo un armamento que me ayudara a acabar con la escena. “Guerrero”
se ha quedado en el otro lado mirándome fijamente, pensando en que iba a pasar
ahora.
Los dos volvemos a nuestros
puestos, hay miedo, hay tensión, pero también hay esperanza y espíritu. Me paro
ante el, le noto agotado, le doy los últimos capotazos, los mas especiales, los
mas hermosos, y una vez colocados nos quedamos quietos los dos. Estoy lejos de
el pero cara a cara, me mira pero no se mueve, yo hago lo mismo, poco a poco
voy sacando lo que tenia escondido tras el capote, una espada, pero no una
cualquiera, si no un estoque, así se llama, para llevar a cabo la “suerte
suprema”. Miro el filo de la espada, lo estudio, y veo que en el se refleja “Guerrero”,
no me queda claro que tipo de expresión muestra su rostro, pero creo que puede
ser compasión. La cabeza me da mil vueltas, pero llega el momento de centrarme,
no puedo fallar, no puedo defraudar a “Guerrero” debo de clavar el estoque sin
ningún fallo sin ningún problema, así sufrirá lo menos posible.
Levanto el brazo en el que sostengo
la espada y lo apunto hacia “Guerrero”, el lo mira con desprecio, pero también
con alegría, veo en sus ojos ese sentimiento de haberlo dado todo y de morir
como es digno, en el ruedo, con el publico a tus pies y habiendo dado todo de
ti, como un valiente, como un sacrificio, siendo recordado. Y así como muestra
su raza, la de los toros de lidia. Ya es la hora, el momento definitivo, me
dirijo hacia el, voy rápido, casi corriendo, el hace el amago de moverse un
poco, hago lo que tenia en mente y cierro los ojos. Siento como entra la espada,
sin ningún freno, sin ningún percance, la suelto, y abro los ojos. Contemplo a
“Guerrero”, el estoque esta clavado a la perfección, el todavía conserva sus
ultimas fuerzas, y me esta mirando fijamente, entre los dos intercambiamos
miradas y nos decimos un gracias y un adiós, como su nombre indica a sido un
guerrero, un luchador, y se merece ser recordado para siempre.
Cae ante mis pies y los taurinos se
levantan y aplauden, nunca pensé que llegaría este momento. Pero falta algo muy
importante , la opinión de la plaza. Doy vueltas sobre mi mismo, siendo
espectador de lo que sucede, todos empuñan un pañuelo blanco en sus manos, y lo
agitan en el aire. Yo estoy esperando al visto bueno del presidente, y despues
de los segundos mas largos de mi vida, saca un pañuelo blanco. El publico sigue
y sigue exigiendo, y el presidente rendido ante ellos saca otro. Eso son dos
pañuelos blancos, lo que indica dos orejas y la salida por la puerta grande, es
el merito mas grande. Estoy muy orgulloso, casi noto como si me cayesen
lagrimas por las mejillas, esto si que no me lo esperaba.
Pero esto no se acaba aquí,
quedaban todavía cuatro toros y uno de ellos era mío, cuando llega mi turno ya
no estoy nervioso, pero si que estoy muy cansado, y me decepciona saber que el
toro que saldrá por las puertas no va a ser “Guerrero” y por seguro que no va a
tener ese espíritu, sentimiento y pasión que tenia el. Lo toreo normal, pero
tampoco destaco, fue mucho mejor el anterior, es como si lo único que tuviese
en mente es salir por la puerta grande. Acaba la corrida y lo que estoy ahora
es muerto de nervios, no me creo que vaya a salir por ahí el día que tomo la
alternativa.
Ya acaba todo, algunos aficionados
bajan a la plaza, vienen hacia mi y uno de ellos me coge a hombros. La gente
tira ramos, flores sueltas o sus pertenencias, para que yo las toque o las bese
y se las devuelva, después de la vuelta al ruedo nos dirigimos hacia la puerta,
ya es la hora de salir a fuera. Noto un foco de luz, es el sol alumbrándome con
fuerza toda la cara, hay muchísima gente fuera, aplaudiendo y gritando, esto es
increíble nunca me lo imaginé así.
Nos movemos calle arriba hasta
llegar a mi furgón, los aficionados nos siguen por detrás, gritando mi nombre,
y con una sonrisa que muestra lo felices que están. Me meten en la furgoneta y
cierran la puerta, me siento cómodamente y bebo un poco de agua, me quedo
quieto pensando. Pensando en los ojos de “Guerrero”, en como era y en que nunca
le olvidare, el es quien me ayudo a emprender este camino y le recordare durante
toda mi vida por ello. Quiero que los aficionados sepan que esas orejas no son
solo merito mio, si no también suyo, es de los dos, por que sin el esto habría
sido imposible. Miro hacia fuera desde la ventana, y me digo a mi mismo: “Ya
esta, he dado el gran paso, ya no soy novillero si no que ahora soy torero.
Aquí empieza mi historia, una pasión que no puedo explicar, solo mostrar. Soy
José Antonio Morante de la Puebla, hijo de Rafael y Josefa, y espero ser una
figura importante en la tauromaquia, ya sea en ruedo o en cama.
Irene Moreno Muñoz, Abril 2026.
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