OTRA VEZ
El silencio
puede ser más pesado que cualquier grito.
Tengo 16
años y llevo casi 10 en una guerra que nadie vez, una guerra donde mis enemigos
no tienen nombres y mis heridas casi no se ven. Desde fuera a simple vista parezco una persona
tranquila, rio con mis amigas y salgo, pero por dentro, por dentro siempre hay
tensión, siempre hay movimiento, siempre hay algo incontrolable.
Mis manos
no saben estar quietas, siempre me crujo los dedos, intento escribir o dibujar
para que estén ocupadas, però cuando no encuentran nada más, me buscan a mi.
Esto es algo que no elijo yo, però llegó cuando tenía 6 años y desde entonces
forma parte de mi. Un impulso nervioso aparece cuando estoy concentrada,
aburrida, nerviosa o cuando simplemente estoy tranquila. Mis dedos buscan sin
que mi mente quiera, y cuando me quiero dar cuenta ya es muy tarde.
Soy
consciente, siempre lo soy, sé perfectamente lo que está pasando mientras
ocurre, però aun así no puedo detenerlo. Esa es la peor parte de todas, ese
sentimiento de culpa, esa cual pa que me golpea después, como si me dieran un
puñetazo en el pecho, dejándome casi sin respiración, recordándome que llevo
años en esta lucha que siempre pierdo.
Cuando me
preguntan, todo se intensifica, esas simples preguntas de “¿Qué te paso en las
cejas?, ¿Por qué no tienes todas las pestañas?” Y justo ahí es cuando siento
todo mi pecho apretado. La respiración se vuelve corta, el corazón late
demasiado rápido y esos segundos de tensión se sienten como si fueran horas.
Intento responder rápido, con “No es nada” “es solo una herida” intentando
cambiar el tema. Però dentro de mi, me siento descubierta, como si hubieran
encontrado justo esa parte que más intento esconder de mi.
He
aprendido a disimular. A maquillar esos pequeños huecos, a mirarme desde
ciertos ángulos, también he aprendido a buscar excusas. Però nada de eso
elimina esa mezcla de impulso y de culpa que recorre todo mi cuerpo, que justo
para en mis manos, como sì ellas no sintieran culpa, solo se centra en la
mente.
A pesar de
esto, sigo siendo yo, sigo siendo la niña que ríe con la gente que quiere, la
que se emociona por pequeños detalles, que no solo se preocupa de su futuro, sì
no también del presente y por ser suficiente. Però también soy la que pelea
todos los días con un impulso silencioso, que le roba toda mi fuerza y
tranquilidad, que le recuerda que ser consciente no siempre significa poder
controlar todo.
Muchas
veces sentada en mi habitación me detengo a mirar mis manos, las veo inquietas,
como si vivieran por sì solas. En ese momento siento una mezcla de rabia y
cansancio que no sé describir, mil veces me pregunto lo mismo “¿por que no
puedo dejarlas quietas?, ¿Por qué siempre vuelvo a lo mismo?”. Me imagino una
respuesta clara, que duele, no es por debilidad, no es por gusto, es un impulso
más fuerte que la razón, más rápido que la voluntad.
Cada noche
me miro al espejo y la culpa me aplasta, me acerco y veo huecos que nadie
debería notar, siento que he fallado otra vez. Me recuerdo lo mismo de siempre,
llevo desde hace años, debería ser capaz de parar, que no tienen sentido seguir
cayendo en lo mismo. Però aún así mis dedos buscan y vuelve a empezar ese ciclo
que se repite constantemente. Es una guerra interminable dentro de mi, donde
nunca hay victoria, donde la derrota me hace sentir más pequeña.
Y la culpa
no se queda solo en la mente. La siento en mi pecho, en la garganta, la noto en
la respiración que se hace cada vez más corta. Siento que me quedo sin aire,
que nadie podría entender del todo lo que siento. A veces cuando hablo con
alguien mi corazón late tan rápido por miedo a que se den cuenta, que me entra
el miedo que noten que por dentro estoy rota.
He
aprendido a maquillarme, a ocultarlo, a fingir normalidad, a mirar hacia otro
lado. Però siempre hay un mini momento en los que no puedo. Momentos en domde
todo vuelve a su lugar, y siento que me traicionan.
Momentos en
los que me miro a un espejo a un espejo y pienso sì algún día voy a vivir sin
esta lucha constante.
Y mientras
ocurre, me siento sola, muy sola. Porque nadie ve lo que pasa dentro de mi,
porque nadie ve lo que pasa por dentro. Nadie entiende que la batalla no es
visible, que no es cuestión de fuerza de voluntad, que la culpa no se va con
palabras bonitas ni promesas. La batalla se siente desde dentro, en los dedos,
en el aire que me falta cuando alguien me pregunta algo que me duele sin que
sea con intención.
A veces me
paro a pensar y me pregunto como seria mi vida si no tuviera este problema, si
mis manos pudieran quedarse quietas, sì no sintiera esa sensación extraña de
necesidad constante. Me imagino riendo sin preocupaciones de mis cejas o
pestañas sin analizar cada espacio, y respirando con esa culpa que siento cada
vez que ocurre, aunque no sabría imaginarlo tal cual, porque puede que nunca
sea capaz de llegar hasta ahí.
Però hasta
en mis días más difíciles, sigo intentándolo. Cada día es un triunfo silencioso,
y aunque no es la guerra que yo elegiría es la que tengo y aún estoy
aprendiendo a luchar con armas invisibles.
Y seguro
que alguien leyendo o escuchando esto ha pensado lo difícil que imaginarse
vivir con algo que no quieres, de algo que sientes culpa, aunque seas
consciente, con cosas que puede parecer muy pequeño por fuera però por dentro
te aplasta todo. Espero que siempre recordéis que hay batallas que no se ven,
dolores que no se escuchan, que no grita, y la fuerza es seguir intentando
todo, incluso cuando nadie mira.
Martina Rossi 1°B
26/03/2026
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