Martina Rossi (Otra vez)

 

OTRA VEZ

 

El silencio puede ser más pesado que cualquier grito.

 

Tengo 16 años y llevo casi 10 en una guerra que nadie vez, una guerra donde mis enemigos no tienen nombres y mis heridas casi no se ven.  Desde fuera a simple vista parezco una persona tranquila, rio con mis amigas y salgo, pero por dentro, por dentro siempre hay tensión, siempre hay movimiento, siempre hay algo incontrolable.

 

Mis manos no saben estar quietas, siempre me crujo los dedos, intento escribir o dibujar para que estén ocupadas, però cuando no encuentran nada más, me buscan a mi. Esto es algo que no elijo yo, però llegó cuando tenía 6 años y desde entonces forma parte de mi. Un impulso nervioso aparece cuando estoy concentrada, aburrida, nerviosa o cuando simplemente estoy tranquila. Mis dedos buscan sin que mi mente quiera, y cuando me quiero dar cuenta ya es muy tarde.

 

Soy consciente, siempre lo soy, sé perfectamente lo que está pasando mientras ocurre, però aun así no puedo detenerlo. Esa es la peor parte de todas, ese sentimiento de culpa, esa cual pa que me golpea después, como si me dieran un puñetazo en el pecho, dejándome casi sin respiración, recordándome que llevo años en esta lucha que siempre pierdo.

 

Cuando me preguntan, todo se intensifica, esas simples preguntas de “¿Qué te paso en las cejas?, ¿Por qué no tienes todas las pestañas?” Y justo ahí es cuando siento todo mi pecho apretado. La respiración se vuelve corta, el corazón late demasiado rápido y esos segundos de tensión se sienten como si fueran horas. Intento responder rápido, con “No es nada” “es solo una herida” intentando cambiar el tema. Però dentro de mi, me siento descubierta, como si hubieran encontrado justo esa parte que más intento esconder de mi.

 

He aprendido a disimular. A maquillar esos pequeños huecos, a mirarme desde ciertos ángulos, también he aprendido a buscar excusas. Però nada de eso elimina esa mezcla de impulso y de culpa que recorre todo mi cuerpo, que justo para en mis manos, como sì ellas no sintieran culpa, solo se centra en la mente.

 

A pesar de esto, sigo siendo yo, sigo siendo la niña que ríe con la gente que quiere, la que se emociona por pequeños detalles, que no solo se preocupa de su futuro, sì no también del presente y por ser suficiente. Però también soy la que pelea todos los días con un impulso silencioso, que le roba toda mi fuerza y tranquilidad, que le recuerda que ser consciente no siempre significa poder controlar todo.

 

 

Muchas veces sentada en mi habitación me detengo a mirar mis manos, las veo inquietas, como si vivieran por sì solas. En ese momento siento una mezcla de rabia y cansancio que no sé describir, mil veces me pregunto lo mismo “¿por que no puedo dejarlas quietas?, ¿Por qué siempre vuelvo a lo mismo?”. Me imagino una respuesta clara, que duele, no es por debilidad, no es por gusto, es un impulso más fuerte que la razón, más rápido que la voluntad.

 

Cada noche me miro al espejo y la culpa me aplasta, me acerco y veo huecos que nadie debería notar, siento que he fallado otra vez. Me recuerdo lo mismo de siempre, llevo desde hace años, debería ser capaz de parar, que no tienen sentido seguir cayendo en lo mismo. Però aún así mis dedos buscan y vuelve a empezar ese ciclo que se repite constantemente. Es una guerra interminable dentro de mi, donde nunca hay victoria, donde la derrota me hace sentir más pequeña.

 

Y la culpa no se queda solo en la mente. La siento en mi pecho, en la garganta, la noto en la respiración que se hace cada vez más corta. Siento que me quedo sin aire, que nadie podría entender del todo lo que siento. A veces cuando hablo con alguien mi corazón late tan rápido por miedo a que se den cuenta, que me entra el miedo que noten que por dentro estoy rota.

 

He aprendido a maquillarme, a ocultarlo, a fingir normalidad, a mirar hacia otro lado. Però siempre hay un mini momento en los que no puedo. Momentos en domde todo vuelve a su lugar, y siento que me traicionan.

Momentos en los que me miro a un espejo a un espejo y pienso sì algún día voy a vivir sin esta lucha constante.

 

Y mientras ocurre, me siento sola, muy sola. Porque nadie ve lo que pasa dentro de mi, porque nadie ve lo que pasa por dentro. Nadie entiende que la batalla no es visible, que no es cuestión de fuerza de voluntad, que la culpa no se va con palabras bonitas ni promesas. La batalla se siente desde dentro, en los dedos, en el aire que me falta cuando alguien me pregunta algo que me duele sin que sea con intención.

 

A veces me paro a pensar y me pregunto como seria mi vida si no tuviera este problema, si mis manos pudieran quedarse quietas, sì no sintiera esa sensación extraña de necesidad constante. Me imagino riendo sin preocupaciones de mis cejas o pestañas sin analizar cada espacio, y respirando con esa culpa que siento cada vez que ocurre, aunque no sabría imaginarlo tal cual, porque puede que nunca sea capaz de llegar hasta ahí.

 

Però hasta en mis días más difíciles, sigo intentándolo. Cada día es un triunfo silencioso, y aunque no es la guerra que yo elegiría es la que tengo y aún estoy aprendiendo a luchar con armas invisibles.

 

Y seguro que alguien leyendo o escuchando esto ha pensado lo difícil que imaginarse vivir con algo que no quieres, de algo que sientes culpa, aunque seas consciente, con cosas que puede parecer muy pequeño por fuera però por dentro te aplasta todo. Espero que siempre recordéis que hay batallas que no se ven, dolores que no se escuchan, que no grita, y la fuerza es seguir intentando todo, incluso cuando nadie mira.

      

                                                                                                               Martina Rossi 1°B

                                                       26/03/2026

 

 


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