Pablo Martín ( El dia que mi madre volvió a nacer)

 

EL DÍA QUE MI MADRE VOLVIÓ A NACER

 

 

Nunca había pensado lo que significaría perder a mi madre porque yo nunca me lo había planteado, pero fue el día 14 de octubre de 2017, cuando tenía apenas 7 años, el día que todo cambió. Era un día normal de fin de semana y yo me levantaba con muchas ganas de este nuevo día soleado que comenzaba. El día empezó como cualquier otro: desayuné leche con galletas, después estuve haciendo los deberes que me habían mandado para el colegio y cuando por fin terminé me puse a jugar videojuegos en mi Ipad. Todo parecía normal, mi padre trabajando y yo jugando, hasta que de repente todo cambió. Como de costumbre, mi madre se tomó su café y justo después fue a darse un buen baño en la ducha para despertarse.

 

El chorro de agua de la ducha sonaba de fondo, haciendo que todo pareciera normal, pero justo en ese instante mi vida y la de mis padres cambió por completo. “pum”, un fuerte golpe se oyó en el baño en el que mi madre se estaba duchando. Al principio ignoré ese sonido, ya que yo pensaba que era un bote de champú que se había caído por accidente, pero me equivocaba. Lo que se había caído no era un bote de champú, sino mi madre. Mi padre había oído ese ruido igual que yo, y en ese mismo instante gritó con expresión de miedo: ¿qué se ha caído, estas bien?. No hubo respuesta a la pregunta. Acto seguido mi padre se asusto más, y con expresión de miedo y de temor se dirigió corriendo al baño. Mientras yo continuaba en la partida, sin enterarme de lo que ocurría a mi alrededor. Todo en silencio, pero gritos, llantos y lloros rompieron ese silencio. Mi padre se acercó a mi llorando muy fuertemente de tristeza y yo le pregunté: ¿qué te pasa papa? ¿por qué lloras?.  Justo cuando pronuncie la última pregunta, gritando y muy desesperado me agarro del brazo y me llevo al baño. Yo no entendía nada. Pero cuando llegué al baño, todo cambió, lo que vi me asustó. Lo que yo antes pensé que era el sonido de un bote de champú era mentira, lo que había oído era el sonido de mi madre cayéndose de la ducha. El agua de la ducha seguía sonando y al principio pensé que todo esto era una broma y que mis padres estaban fingiendo. Mi padre seguía llorando y desesperado cogió el móvil para llamar al 112.

 

 Mientras el llamaba, yo intenté sacar con todas mis fuerzas a mi madre de la ducha. No pude, pero mi padre la sacó y la acostó sobre el suelo. Más y más gritos, desesperación y llantos de dolor de mi padre y míos también. Si, yo también lloraba de dolor. Mi padre me explicó la verdad, me dijo que esto no era broma, que se había caído de verdad y que estaba inconsciente. Llantos y más llantos de pena que fueron interrumpidos por un breve movimiento. Mi madre había despertado. Bueno, en realidad yo la desperté abriéndola los ojos y dándola palmaditas en los mofletes. En ese momento los llantos cesaron y mi madre se puso en pie. Mi padre la sonrió, y yo también, pero la situación no mejoró. Nada mas levantarse se fue directa al váter a vomitar. Sí, a vomitar.

 

Ring,ring,ring. El timbre sonó y la ambulancia llegó. Mi madre ya había dejado de vomitar y estaba sentada en su cama. Por fin acudieron al rescate y pudieron comprobar el estado de salud de mi madre. Muchos cables, máquinas y también mucho dolor en mi interior. No me enteraba de nada y no sabía para que servían todas esas maquinas tan extrañas que los médicos utilizaban. Paso un rato y los médicos le dijeron a mi padre que mi madre se encontraba bien, o eso creían, ya que al día siguiente todo cambió. Esa noche fue tranquila pero el miedo seguía en nuestros corazones.

 

Al día siguiente todo parecía normal, hasta que mi madre se empezó a marear y a sentirse mal. Ese día ya no era como el anterior, ahora todo era mas oscuro y mas tenebroso, ya que yo no podía eliminar de mi mente el momento en el que vi a mi madre tumbada en la ducha. Mi madre estaba bastante mareada y fue en ese momento cuando fue al hospital San Rafael, hospital en el que permanecería los próximos 9 días. Yo ese día lo pase con mi abuela y ella me tranquilizó y me dio muchas fuerzas para que no lo pasará mal durante estos días pensando en lo ocurrido.

 

 Hospital San Rafael, mi madre con mucho dolor en el pecho y sin poder inclinar la cabeza. La hicieron varias pruebas, una de ellas un TAC, y tras realizarla esta prueba, la dieron la noticia más oscura de toda su vida: la caída fue causada por un derrame cerebral y por la rotura de una vena de la cabeza.

 

Atónita, asombrada, esas fueron las expresiones faciales de mi madre al recibir esta noticia tan dura. No sabían que iban a hacer con ella, los médicos estaban desesperados. Esa noche mi padre regresó a casa y yo le volví a preguntar a mi padre: ¿qué le pasa a mamá? ¿está bien?. Mi padre me respondió diciendo: tu madre se resbaló el otro día en la ducha, como ya sabes y se ha golpeado la cabeza con la ducha. Va a estar varios días en el hospital pero todo va a ir genial. A mi nunca me dijo que la causa de esa caída fue un derrame, sino que me mintió para que no me preocupara. Esa noche no pude casi dormir pensando en que no vería en toda la semana a mi madre pero por otro lado me alegre ya que confiaba en que todo iba a ir bien.

 

 Al día siguiente ya era lunes, y había vivido el fin de semana más duro de toda mi vida. En clase estaba más pendiente de lo de mi madre que de las explicaciones de los profesores. Yo con mis amigos actuaba como lo hacía normalmente pero siempre manteniendo el pensamiento en mi madre. Dos días después, a mi madre la operaron de la cabeza, pero yo no sabía nada, ya que mi padre no me lo dijo para que no me asustara. Esos días en los que mi madre estaba ingresada en el hospital Mi abuela fue la persona con la que viví. Ella me hizo olvidarme por un momento de lo de mi madre y me tranquilizó varias veces porque yo había días en los que estaba llorando constantemente.

 

Tres días después a mi madre ya la habían operado y todo salió muy bien. Los días siguientes mi madre estuvo en el hospital y al noveno día mi madre regresó a casa con muy buen estado de salud y ya recuperada completamente del accidente y sin ninguna secuela.  Ese día me alegré, la abracé muy fuerte y la di todo mi cariño por ser una persona tan luchadora. Hoy, 8 años después, me doy cuenta de que una madre es lo más bonito que uno tiene y que un día cualquiera puede pasarte como a mi y tener que sufrir pensando que ya no volverás a ver a tu madre nunca jamás.

 

Pablo Nicolás Martín López 4ºA Nº17, Mayo 2026

 


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