domingo, 22 de junio de 2014

Mara Sanz de Ruvalcaba (Memorias)






MEMORIAS

Hace un tiempo genial, hemos tenido mucha suerte porque últimamente estaba haciendo muy mal tiempo aquí. Es una preciosa luna de miel. Siempre quise estar en Japón, pero el hecho de estar con Valentín, el hombre de mi vida es algo que me supera. Es todo tan perfecto que parece un sueño. Los árboles, la gente, la cultura… Hay tanto de lo que aprender y tanto de lo que disfrutar juntos que no sé por dónde empezar. A unos metros de distancia, observo un pequeño cervatillo, voy a acariciarlo, y justo cuando mi mano va a tocar su lomo, todas estas imágenes se borran y empiezo a oír una voz exterior.
“Pilar, despierta, ya es casi la una, si no te levantas ya no llegaremos a misa.”
Efectivamente, era todo un sueño, demasiado bonito para ser cierto. 
Abro lentamente los ojos y veo a una mujer de poca altura, morena, con el pelo corto que me ofrece la mano. Me siento perdida, no sé dónde estoy, ni quién es esta mujer, ni cómo he llegado hasta aquí.
-Ehm, buenos días, ¿dónde estoy?- Pregunto asustada, temiendo su respuesta.
-Ay pilar, estás en tu casa- dice mientras suelta una carcajada- venga vamos a desayunar. Te he hecho ya el café, las pastillas están a la derecha del zumo, como siempre. Ah, y no nos olvidemos de las tostadas con mantequilla, como a ti te gustan.

¿Ha dicho ‘como siempre’? ¿De qué pastillas habla?¿Nos conocemos? Aterra el hecho de que esta chica sepa tanto de mí, juraría no haberla visto en mi vida, pero debe de ser el sueño, me acabo de despertar y todavía estoy algo dormida, es normal estar un poco perdida. 
Desayuno rápidamente, y al salir de la cocina me vuelvo a cruzar con ella.
-Hoy hace muy buen día, así que no te empeñes en coger ese abrigo de piel que tanto te gusta, o te asarás.
-Oh, claro, ese abrigo- dije, aunque no tuviera ni idea de qué abrigo me estaba hablando- me pondré algo cómodo entonces.
-Perfecto, la espero en el salón, y dese prisa o no llegaremos.
-Sí, claro, oye una cosa… ¿Cómo decías que te llamabas?
-Mari. Ay, Pilar, pero si nos conocemos desde hace ya décadas- dijo con un tono un tanto tranquilizante.
Cada vez que entablo conversación con esta mujer, me asusto más. ¿Por qué sabe tanto de mí? Tendré el día tonto.

Vamos a misa, y al salir, Mari me lleva junto a un coche y se despide. De el asiento del copiloto de dicho coche de repente sale un joven de unos dos metros de estatura. 
-¡Abuelita! Vamos entra, hoy te has entretenido más tiempo que de costumbre eh
Me giro lentamente y le pregunto a Mari en voz baja que a dónde se supone que voy, a lo cual ella me responde que a comer a casa de mi hijo. Hoy no es mi día, desde luego, porque hasta que esta mujer me lo ha dicho, no recordaba tener hijos.
Me dirijo a el asiento del copiloto, y al subirme al coche, veo a mi izquierda en el asiento del conductor, a  un hombre alto, muy elegante, con una camisa de manga larga a rayas blancas y azules, barba grisácea y muy cuidada, y con una sonrisa de medio lado que me está mirando. 
-¡Hola mamá!
Vaya, ahora que le veo me acuerdo perfectamente de él. Es Pepe, mi querido y pequeño Pepe. Qué bueno ha sido siempre. Siempre cuidando de los suyos. Sólo hay que observarle para ver en su mirada que sigue siendo igual que de pequeño.
Le doy dos besos, y el coche se pone en marcha.
Llegamos a su casa, y nos abre la puerta otro joven, al cual la sigue una chica aún menor. Ambos me reciben alegres y muy cariñosos, a lo cual no sé cómo reaccionar porque no recuerdo con certeza quienes son, supongo que mis nietos. El mayor me coge la chaqueta que llevo, y se va a guardarla, y mientras la pequeña me lleva al salón a charlar.
-¿Qué tal se presenta el día, abuelita?- pregunta.
Miro mi reloj, y veo que este marca las dos menos cuarto. Ya es medio día, y no recuerdo nada de lo que he hecho en toda la mañana. Ni siquiera recuerdo con claridad cómo he llegado hasta aquí. 
-Ehm, bien, ¡te has teñido! Cada día estás más guapa, te queda muy bien el rojo.-Dije para cambiar de tema y evitar situaciones incómodas.
-Sí, bueno, gracias, pero llevo con el pelo rojo desde Diciembre, abuela.
-Sí, sí, me acuerdo, pues te queda muy bien.- no recuerdo ni de qué color tiene realmente el pelo, la verdad que no la recuerdo muy bien, lo único que sé es que algo habré dicho que de un momento a otro se le ha borrado la sonrisa.

Vamos todos al comedor, y allí comemos los seis. Una comida muy agradable, todo ha de decirse. La comida estaba muy bien, lo único que quemaba un poco, y todos muy majos conmigo. Pasan las horas, y el mayor de todos me lleva a casa de vuelta.
Al llegar a casa, me recibe una mujer bajita, con el pelo corto y de color oscuro, entonces la curiosidad me puede y le pregunto 
-Hola, eh… ¿nos conocemos?
-Ay Pilar… ¿Ya estás igual que esta mañana? Soy Mari, llevo trabajando aquí años, venga dame el bolso y la chaqueta que los dejo en tu habitación.
Me suena de algo, pero no recuerdo haber contratado a nadie en mi casa, y su cara no me resulta familiar. Estoy asustada y necesito la compañía de Valentín, me dirijo directamente a la habitación para ver si está allí, y no le veo. Le busco por toda la casa, y no le encuentro. Es tarde, y me extraña que a estas horas esté fuera de casa. Entonces busco a Mari y la pregunto asustada:
-Oye, ¿dónde está mi marido Valentín?
-Pilar… - responde ella con una voz de desesperación y pena - Valentín falleció hace ya 16 años.
No sé cómo reaccionar. Me quedo quieta, cabizbaja, mirando al suelo y asintiendo con la cabeza lentamente. 
-Ya…-dije con tristeza- me voy al salón a ver si ponen algo interesante.
Me dirijo al salón, y por el camino me doy cuenta de que es cierto, ya no tengo a Valentín conmigo, y me duele pensarlo. Lo mejor será que vea una película o algo y olvidarme un rato. 
Enciendo la televisión y todo son noticias sobre el Rey, programas de cotilleo, series de dibujos y animales que hablan… Hasta que de repente llego a un canal en el que ponen una película que me suena bastante. Oh, ya recuerdo, Qué Bello Es Vivir. Esta película solía verla con Valentín siempre. Seguro que está en nuestro cuarto leyendo, iré a buscarle y la veremos juntos.

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