domingo, 7 de diciembre de 2014

María Vega (Carta sin destinatario)




CARTA SIN DESTINATARIO

¿Quién me iba a decir que el motivo de mis alegrías iba a ser hoy el causante de mis desvelos?
La vida da demasiadas vueltas como para poder pararnos a pensar en la respuesta ya que en breve nos habrán cambiado la pregunta.
Mi nombre es Adam Smith y aquí me encuentro, en este camerino, uno de tantos. Camerinos que al principio estaban llenos de sueños y en los que ahora sólo habitan los cigarros y el alcohol.

Estamos a punto de salir a uno de los últimos conciertos de nuestra carrera musical, pero esto es sólo una sombra de lo que un día fuimos. Esta ya será la última vez que gritemos sobre un escenario, aunque eso ya lo dijimos la anterior, y la anterior, y la anterior… Al final es una manera de autoconvencernos de que seguimos teniendo ideas geniales, sin embargo esto es sólo la pensión que nos están pasando aquellas que nos surgieron en nuestra tierna juventud.

Han sido tantas las personas y cosas realmente importantes las que se han ido desvaneciendo en el camino que ya ni siquiera soy capaz de distinguir entre el bien y el mal.

Antes lo único que realmente era valioso eran aquellas tardes de verano cuando todo comenzó.

Mis mejores amigos y yo nos pasábamos horas tocando temas de nuestros grupos favoritos, una y otra vez. Creamos nuestro propio grupo. Johnny, mi mejor amigo, era el cantante, Fred el batería, Rob el bajo, y yo la guitarra. Lo que empezó siendo un hobbie acabo por ser nuestro objetivo. Queríamos que todo el mundo nos conociera e idolatrara. Al fin y al cabo, ese es el sueño de cualquier persona, ¿no es así?

Un buen día se nos presentó un productor interesado en nuestro talento y en un abrir y cerrar de ojos, con un solo tema, estábamos en lo más alto de las listas nacionales. Creíamos estar viviendo un sueño, y pusimos todo nuestro empeño en crear temas que llegaran a la gente y nos colocaran en lo más alto a nivel mundial. Poco a poco nuestra fama fue creciendo y según crecía, el ritmo era cada vez mayor, llegando a ser insoportable. Todos los días eran un no parar, apenas dormía. Lo peor eran las giras, yo siempre me he considerado un tipo hogareño, pero siempre pensé que las giras eran algo mágico y apenas se echa de menos el hogar.

Así fueron las dos primeras. Cada nuevo álbum requería salir a patear el mundo, pero no de la manera que me hubiera gustado. De ciudad en ciudad, de país en país, la gente gritaba al vernos y apenas podíamos dar dos pasos sin que nadie se abalanzara sobre nosotros. Era algo agotador y las disputas entre los componentes del grupo no cesaban. Al final, lo único que nos aliviaba y nos daba la energía necesaria para sobrellevar nuestro acelerado ritmo de vida eran las drogas. Cuando te das cuenta, estás enganchado y te es imposible dejarlo. Tras unos largos años de música, alcohol y drogas mi mundo parecía derruido por mí mismo. El grupo se separaba y volvía, así hasta dos veces. Nuestros fans se emocionaban al vernos juntos de nuevo y lloraban al separarnos.

Ahora, aquí estamos, tras treinta años de carrera, los adultos que veo en el espejo, me recuerdan a aquellos chiquillos  que encontraron la fama demasiado pronto. El mundo de la música es un lugar maravilloso si tienes la mente suficientemente concienciada y sabes jugar tus cartas. Sin embargo, este mundo no está hecho para todo el mundo. Pero no todo fue malo, para alguien que adora la música no hay nada más grande que oír a millones de personas cantar a tu lado tus canciones en un concierto. Tras un tiempo pensándolo, he decidido  marcharme. Ya es hora de que empiece a vivir como alguien anónimo, normal. En este tiempo he pasado mis peores momentos pero también mis mejores y creo que nunca estaré suficientemente agradecido a Dios por todo lo que me ha dado.

Muy pronto me despediré de mis compañeros y me iré. Esta carta no se la enviaré a nadie, porque realmente no tengo a nadie a quien enviársela. El primero que la encuentre, ya sea el señor de la limpieza, mi representante o cualquiera de mis tres amigos, sepa que jamás olvidare lo vivido y que aquí les dejo las memorias de un no tan famoso, Adam Smith.


María Vega Marín
Nº30
1ºA

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