domingo, 7 de diciembre de 2014

Marta Martínez (La impactante vida de James Foley)



LA IMPACTANTE VIDA DE JAMES FOLEY

         Mi nombre es James Foley. Por si no sabéis quién soy, voy  contaros mi breve pero, a la vez, intensa vida.
         Nací en Rochester, estado de New Hampshire en el año 1973. Tuve la suerte de nacer en una familia católica que siempre quiso lo mejor para mí. Acabados mis estudios en el colegio, decidí estudiar la carrera de periodismo en la Universidad de Massachusetts, ya que era lo que realmente me apasionaba, conseguir información de todo el mundo y ponerla en manos de la gente para así poder disfrutarla ellos también. Un día, cuando tuve la suficiente confianza y experiencia como periodista, decidí ampliar mis fronteras. En aquel tiempo trabajaba para una empresa americana llamada GlobalPost.
 Me ofrecieron ir a Libia para informarme de los conflictos allí existentes, acompañado por mi gran amigo y compañero Anton Hammerl. Ambos accedimos, muy ilusionados, teniendo en cuenta las advertencias de nuestros familiares y amigos. Intentamos buscar información en los lugares más enrevesados de la zona, lo que tuvo devastadoras consecuencias. Fuimos secuestrados por el grupo terrorista Muammar Gadafi. Tuve la suerte y astucia de ver mi oportunidad de oro para escaparme de aquella pesadilla. Tras cuarenta y cuatro días volví a ver la luz debido al despiste de uno de los terroristas que nos vigilaban a Anton y a mí. Conseguí escapar con un enorme vacío… Anton fue visto y decapitado.
         Cogí un avión de vuelta a América. Viví una vida bastante tranquila hasta la siguiente propuesta de GlobalPost un año después… Siria. Como el hombre tropieza dos veces con la misma piedra, acepté la propuesta y fui secuestrado de nuevo por una banda terrorista que atacaba en Siria. Me liberaron gracias a un enorme pago por parte de mi empresa a los secuestradores.
         Y aquí viene el mayor error de mi vida. Yo soy un hombre aventurero, sin miedo a nada. Acepté la siguiente propuesta; el Estado Islámico. Cuando ya llevaba allí dos años secuestrado, como en anteriores ocasiones, Obama, presidente de mi país, anunció intenciones de ataque de los Estados Unidos al Estado Islámico. La fortuna me traicionó de nuevo al ser visto por un hombre islámico, y éste reconocer mi nacionalidad americana. Él y su banda creyeron que la mejor manera de contestar a las intenciones de Obama era actuar con violencia y amenazar a un país entero con mi muerte. Decidieron grabar mi decapitación y darla a conocer frente a los medios de comunicación. Era la vez que más miedo había sentido en mis 41 años de vida. Esta vez no había salida… Me llevaron a una explanada, y un hombre con un traje naranja que le cubría el cuerpo entero y una máscara negra que le tapaba la cara, se situó junto a mí. El hombre sostenía un enorme cuchillo, y yo ya me podía oler lo que iba a ocurrir. Los terroristas me obligaron a dar falsas declaraciones sobre mi país y familia frente a una cámara,  siendo  
amenazado  de que si no lo hacía, mi muerte sería más lenta y dolorosa. En el video acusé al gobierno de Estados Unidos de ser mis verdaderos asesinos, y a mi hermano, soldado americano,  de haber firmado mi muerte tras bombardear zonas islámicas. Después de mis dolorosas palabras el hombre prosiguió diciendo cosas en contra de mi país. A continuación, el verdugo me mató decapitándome con el cuchillo que sostenía. El video termina con una fotografía de mi cuerpo ensangrentado con mi cabeza situada encima.
Podéis pensar que fui un poco ingenuo al haber puesto mi vida en riesgo tantas veces, habiendo ido a lugares tan peligrosos y habiendo sido secuestrado tres veces. Pero no me arrepiento de haber ido a ninguno de esos viajes, ni siquiera del último. Yo viví toda mi vida haciendo lo que me apasionaba, trabajar de periodista, incluso en el momento de mi muerte. Gracias a mi muerte mi familia volvió a saber de mi tras dos años secuestrado y sin ninguna noticia de mi existencia. Gracias a aquel vídeo han descubierto a un miembro de este grupo terrorista, el asesino que  me mató, el británico Abdel Majed. Desafortunadamente, tras mi muerte decapitaron a otras dos personas, Alan Henning y Peter Kassig.
El sentido que le quise dar a mi vida era ayudar a los demás. Cuando era joven hice voluntariado con mi universidad y así aprendí que era un niño sobreprotegido y que el mundo tenía problemas reales. Conocí a gente que quería ofrecer sus corazones a otros y yo decidí unirme a ello. Descubrí como son las cosas lejos de mi casa, lo mal que lo pasan otras personas por todo el mundo y como se viven las guerras. Por ello, mi consejo es que encuentres lo que le dé sentido a tu vida y vivas por y para ello.


Marta Martinez Rodriguez 1A








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