jueves, 11 de diciembre de 2014

Rodrigo Peñuelas (Nuestro error fatal)

                                                                   Nuestro error fatal

Hola. Mi nombre es María Sánchez Ovillejo. No te suena, ¿verdad? Me lo imagino, de todos modos solo tienes que entender esta carta, la historia de mi vida y quizá de la tuya, el error que nos lastra y nos está destruyendo pero, al fin y al cabo, es culpa nuestra esta elección, es una muestra de los errores cometidos por nosotros, pero bueno, me pierdo, así que vamos a empezar:
No importa donde naciera y en que colegio y casa me criara, mi dramática historia empieza hace justo hoy 14 años cuando conocí al que 2 años más tarde sería mi marido, cuyo nombre es Juan Jóse Mártinez de Hidalgo. A ti, lector que probablemente no te importe, no te importa nuestro noviazgo, nuestra íntima boda y el nacimiento de nuestras dos hijas: Lucía y Paula, pero si te atañe la frase que dije aquel día: “Nunca perderé a mis hijas” (La frase tiene su propio contexto, no está sacada de lugar)
. No tuvimos una mala vida, mi marido era emprendedor, tenía una empresa de construcción relativamente exitosa y vivíamos bien. Por mi parte yo no trabajaba, pero tampoco lo necesitaba hasta que ocurrió. No fue nada importante la primera aparición del ahora Presidente del Gobierno Pablo Iglesias en la televisión, y sus sucesivas ruedas de prensa, movimientos y explicaciones ideológicas.
No queríamos votarle, claro, pero mucha gente si quería hacerlo. Normal, muchos desahuciados y desengaño general provocaron la victoria del dirigente político de Podemos, y eso, lector interesado, fue el principio del fin. Podemos le quitó la empresa a mi marido y, de un plumazo, no teníamos nada con lo que vivir, así que ¿Qué podíamos hacer?
Por suerte pude encontrar trabajo en un servicio de comida rápida, pero mi marido no, su carácter se le agrió y su personalidad cambió, al fin y al cabo, había perdido su trabajo y se quedaba siempre en casa. Nuestra situación no iba nada bien, es terrible ver como pagar el colegio te hace tener que mirar en el cubo de la basura para encontrar comida y dársela a tus hijas, te hace sentir como una mala madre.
Recuerdo un día en el que nuestras hijas no podían comer nada mientras un sonriente Iñigo Errejón decía que España se estaba convirtiendo en una potencia europea. Y, un año más tarde aproximadamente, ocurrió la tragedia que marca esta historia. En una manifestación contra el gobierno (un fenómeno alarmantemente común, ya que activistas de la extrema derecha, hinchas radicales de equipos de fútbol, gente descontenta por la patética situación económica general, que no total, ya que ahora se podía invertir en otras cosas quitándole a la gente el derecho a comer, etc. estaban manifiestamente en contra del partido morado, yendo a estos eventos), ocurrió lo impensable:
Un exceso policial (algo muy común debido a la cantidad de personas que despreciaban el partido y su presidente) dejó gravemente herido a mi marido. Cuando salí del trabajo, me encaminé al hospital rápidamente, y vi lo peor, a mi marido le habían dado 48 horas de vida. Hablé con él y le dije que se iba a poner bien, y él, sonriendo me dijo que sabía que no era así. Efectivamente, a los dos días, tristemente falleció, lo que me dejaba en un dilema gigantesco,
sin

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