jueves, 9 de abril de 2015

María Tercero (¿La decisión de Val?)



¿La decisión de Val?

No paraba de dar vueltas alrededor de su habitación. Los nervios hacían que su cabeza no pudiera pensar con claridad. No era posible, no podía ser. Le quedaba mucha juventud por delante, muchos planes por hacer y muchos sueños que cumplir. Tenía que acabar el bachillerato, entrar en la universidad, hacer viajes y conocer gente. No podía irse todo al traste.

Empezaba a marearse y se sentó en el suelo. Las lágrimas caían por sus mejillas descontroladamente. Cogió el móvil, marcó su número y llamó. -No, no me veo capaz- Pensó ella. Colgó. Volvió a repetir el mismo proceso tres veces más, hasta que él fue el que para sorpresa de ella, llamó.

-Ey, no contestas a mis mensajes, ¿te ocurre algo?-
-Pues…- No podía apenas pronunciar las palabras, su voz temblaba.- ¿vendrías a verme a casa?-
-Sí, llego en un minuto, no te preocupes.-

Se levantó del suelo y corrió al baño a lavarse la cara. Menos mal que hoy sus padres no estaban en casa porque no hubiesen dejado a su novio entrar. Se miró en el espejo y le sorprendieron las profundas ojeras y los ojos hinchados. Además aún estaba en pijama. Se lavó los dientes, se hizo una coleta y cogió lo primero que vio en su armario. Llamaron al timbre y corrió a abrir la puerta.

Era él, con un inusual semblante serio y preocupado.

-Explícame que ocurre, Val.- Susurró mientras le abrazaba.

Val le miró a los ojos y cogió aire.

-Estoy embarazada.- Y a partir de ese momento, todo ocurrió muy despacio.

Empezó a llorar otra vez y él se quedó en silencio, sin saber cómo asimilar la noticia. Pasmado en frente de la puerta viendo como todo su futuro se le escapaba de las manos.

Entonces empezaron hablar sobre lo que debían hacer. Él le decía que no era una opción abortar y hacer como si nada, que tenían que asumir las consecuencias de lo que habían hecho. Ella no lo tenía tan claro.

Lo que sí tenía claro, era que sus padres necesitaban saberlo cuanto antes.

Esa misma noche, cuando llegaron del trabajo, Valeria les había preparado la cena, tenían que estar del mejor humor posible.

-Cariño, ¿desde cuándo nos haces la cena?- Preguntó su madre mientras se sentaba en la mesa.
-Pues… papá, mamá, es que tengo que deciros algo… o mas bien enseñároslo.- Entonces Val, con la mano temblorosa, sacó del bolsillo de su pantalón el test que daba afirmativo y se lo dio a su madre. Esta, se tapo la boca con la mano y miró a su marido asustada mientras le pasaba el pequeño objeto.

Valeria no sabía que hacer, miraba desesperada a sus padres esperando una mínima reacción, un enfado, gritos, lloros… pero nada de eso ocurrió. Su padre se levantó de la mesa y mirando al suelo dijo:

-Mañana tu madre te acompañará al médico, esto tiene fácil solución.-
Val no podía creerse que su padre, uno de sus mayores apoyos estuviese obligándola a abortar. Ella pensaba que era decisión suya y de Jorge, su novio, no de sus padres. Su madre le dio un abrazo con lágrimas en los ojos y se fue.

Val no pudo dormir esa noche y menos aún Jorge, que no podía creer que estuviera a punto de perder a su hijo solo por la decisión de sus suegros, o lo que fueran.

A la mañana siguiente, Jorge corrió a casa de Val, antes de que salieran para ir al médico. Empezó a hablar con la madre de Valeria diciéndole que era su hijo y que no estaban en su derecho de quitárselo. Llegó el padre y le empezó a gritar, echándole la culpa de que su hija estuviese en ese estado y diciéndole que le mataría si volvía siquiera a verla.

Valeria no podía creerse lo que estaban viendo sus ojos. Ella aún no sabía si estaba haciendo lo correcto pero no quería defraudar más a sus padres y necesitaba hacerles caso.

Entonces Jorge, la miró y empezó a hablar:

-Valeria yo no quiero esto, yo no lo he elegido, pero ha surgido así y después de un embarazo viene un niño y no hay otra opción. Si tú y yo fuimos mayores para estar juntos y para tener sexo, también lo somos para afrontar las consecuencias. El bebé no es de tus padres, es nuestro, y si alguien debiera elegir somos nosotros, pero es que ni siquiera creo que tengamos ese derecho.

Valeria lloraba sin parar, sabía que tenía razón pero pensaba en sus padres, en no defraudarles. Pensaba en ir al colegio con una barriga enorme viendo cómo todos  sus compañeros le apuntaban con el dedo y cómo sus profesores y amigos le daban de lado. Veía cómo iba a pasar su verano de los 17 encerrada en casa sin salir, sin fiesta, sin playa. Y cómo iban a ser así el resto de veranos de su vida. Pensaba en cómo terminaría sus estudios, en si iría a la universidad. Pensaba que tener ese bebé haría que se saltara la parte de su vida que más había deseado, su juventud.

Valeria pensaba todo esto mientras su madre le arrastraba hasta el coche y su padre gritaba al que era progenitor de lo que llevaba dentro.

María Tercero



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