jueves, 4 de junio de 2015

Isabel Sainz de Baranda (Historia de un prólogo)



“HISTORIA DE UN PRÓLOGO”

Siempre se repite la misma historia. Es un ciclo que no acaba.

El miedo, los nervios, la tensión… El día antes nunca duermo, aunque la noche sea fresca, sudo, tiemblo, me entra tiritona hasta que casi con las primeras luces del amanecer logro dormirme cansado, como si hubiera estado corriendo toda la noche.

Por la mañana estoy tranquilo, charlando con mi gente, procurando reír para disimular los nervios de la responsabilidad, de intentar triunfar en lo mío, de no decepcionar a nadie. Imagino que eso nos pasa a todos antes de un gran acontecimiento.

Luego, llega la hora de entrar a ese enorme edificio en el que todo se decide, la suerte o la desgracia, el triunfo o el fracaso, la vida o la muerte…. ¡o la gloria!

Y entonces me arrodillo y rezo. Rezo a mis imágenes de Cristos y Vírgenes, rezo porque tengo Fe, porque estoy seguro de que Dios me escucha en el Cielo, pero también rezo como si mis estampas fueran amuletos que me protegen de todos los males, como si mí Fe fuera una armadura indestructible.

A partir de ahí, nunca es nada claro, es como un sueño; la gente me rodea, me saluda, se acerca a desearme suerte; también mi gente me acompaña. Son las siete de la tarde y hace un día luminoso, pero  yo no lo noto, todo está difuminado, casi oscuro.

 Entonces, suena ese sonido de cada tarde, y me acurruco en mi capote, piso la arena, me santiguo y saludo con el mismo ritual de siglos a mis compañeros. En ese momento tengo la certeza de que estoy en mi sitio, siento la tela entre mis manos, la luz se hace, camino decidido por el ruedo, un sonido seco anuncia que una puerta se ha abierto… y ahí está, la gloria o la muerte. El Toro sale al ruedo y es mi vida torearlo.


Isabel Sainz de Baranda Miranda (1ºA)
Mayo de 2015

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