sábado, 12 de diciembre de 2015

Irene Gorrón Mateos (Me casé con el diablo)



Me casé con el diablo

Era Septiembre, lo recuerdo perfectamente ya que poco tiempo antes estábamos de vacaciones, pero ni él ni yo estábamos bien y fue entonces cuando después de  planteármelo muchas veces se lo dije, nuestro matrimonio tenía que acabarse y mis pequeños se quedarían conmigo en Huelva, pero nunca me imaginé lo que eso conllevaría.

En mi opinión el mayor  fallo fue la custodia compartida, pero entendedlo, él también tenía derecho a ver a sus hijos.

Aún recuerdo que cuando Ruth y José nacieron o cuando nos casamos, nuestro matrimonio estaba bien, me sentía bien con él, incluso llegué a pensar que sería un buen padre, pero me equivocaba

Era el 7 de Octubre de 2011 cuando les vi por última vez, ya que ese fin de semana le tocaba a él cuidarlos. Pero quién me iba a decir que ese sería su final, el final de sus hijos... el final de mis hijos.

Él llevaba asistiendo a terapia psicológica desde hacía años, tomaba pastillas tranquilizantes debido a unos trastornos que llevaba sufriendo desde algún tiempo.

Mis suegros tienen una finca, solíamos ir con los niños para que estos  pasaran un rato con sus abuelos, la finca era grande, donde mi Ruth y mi pequeño José pasaban horas y horas jugando, les encantaba estar allí... Qué cruel es el destino.

El Diablo comenzó su  plan el 8 de Octubre, justo el día después,  recogió a sus hijos del colegio y los llevó a casa de mi cuñada, mientras tanto, compró 300 litros de gasolina para que su repugnante plan tuviera el efecto que deseaba.

Tras dejar la gasolina en la finca de sus padres, fue a por los niños, y usando las pastillas que he nombrado antes los asesinó de la forma mas ruin posible, una manera que solo se encuentra al nivel de los más viles asesinos.

Después de su deleznable acto, el cobarde, fingió la desaparición de mis niños en un parque cerca de la escuela, para así  intentar  librarse del castigo bien merecido que tenía su nombre y sus apellidos.

Aquel hombre con el que me casé,  silencioso y tímido, terminó con la vida de sus propios hijos por venganza, por venganza hacia mi, y ese acto, ese odio,  le va a costar  40 años encerrado si la ley del Estado fuera como debiera ser.

Hijos mios, hace ya más de 4 años que no os tengo conmigo, que no puedo ni abrazaros ni besaros, ese Diablo os arrebató de mi lado y jamás se lo perdonaré.

No hay una sola mañana, que no me levante pensando que que estáis en vuestra habitación y que cuando atraviese el quicio de la puerta, ahí os voy a ver, incorruptibles, y que vuestros ojos se girarán, me mirareis y volveré a ver vuestra sonrisa.

Pero no, nunca es así, cada mañana, cuando paso por vuestras habitaciones, sólo hay una cosa con la que me encuentro, Silencio. Un silencio que me corroe por dentro que me ahoga y no me deja respirar, un silencio que me mata y me hace repetir una y otra y vez por qué,  por qué  vosotros, por qué me tuve que enamorar de un  Diablo. Por qué no acabo con mi vida en vez de con la vuestra, pobres inocentes, Santos Inocentes, os quiero y cada día que pase, mi amor aumentará, y quedará un día menos para poder reunirme con vosotros otra vez, porque si aquí en la Tierra hay Diablos, allí arriba, donde seguro estaréis, tiene que haber un Dios, un Dios que nos reunirá y así nunca más podré separarme de vosotros.

“Uno termina  de morir si la gente te olvida, pero mientras estés en el recuerdo de alguien, vives aún”









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