sábado, 12 de diciembre de 2015

Mariana Soto (Crítica a las redes sociales)



Crítica a las redes sociales

Tengo 756 amigos, y una media de 221 me gusta por foto. Interactúo con ellos diariamente, pero no me conocen, ni yo a ellos.
El problema está  en mirar a la pantalla o los ojos, porque al volver a mirar a mi alrededor lo único que veo es mi habitación, sin nadie salvo yo.
La tecnología es una ilusión que nos ha hecho que al mirar al mundo real lo miremos con miedo, sin ganas.
Nuestra intimidad ha desaparecido, y lo peor de todo es que hemos sido nosotros. Ya que si lo subes a una red social, parece que no te has ido de viaje o no has conseguido tal o cosa o tal otra. Como si no tuviera valor.
Nos creemos mejores por tener más “amigos” y sabes que habitualmente hablas con diez. La cuestión es que tienes que transmitir que eres una persona “rica” en amigos. Y aunque lo niegues  se ha potenciado la idea de él “que dirán los demás de mi”. También ha aumentado la inseguridad personal, ya que tenemos todos la necesidad de que el mundo se entere de nuestra vida.
Esta idea de aceptación y “popularidad”, entre comillas, nos convierte en marionetas. Poco a poco, vamos a olvidar como relacionarnos. Pero no solamente no somos conscientes de ellos, sino que cada vez  somos más víctimas.
Encima, diariamente estamos actualizando nuestra lista de amigos y redes sociales. Nuestra estabilidad emocional se va a pique.
No voy a negar lo bueno que ha hecho las redes sociales en el mundo, que los hay, por supuesto. Pero los negativos tienen un peso mayor. Si quedamos con alguien el mundo lo tiene que saber para que sepan que es tu amigo y quedáis para hacer cosas juntos.
Es verdad que hay quien lo utiliza para compartir opiniones, música, etc, como digo las redes sociales tienen su lado bueno. Pero la mayoría de nosotros le damos un uso insano.
No somos conscientes de la herramienta tan grande que es. Todo queda registrado independientemente  si lo borramos o no. Todo el mundo en unos minutos puede saber lo que hacemos, como nos sentimos o incluso donde vivimos, a mí me da un poco de miedo.
Pero no se trata de ocultar lo que pensemos, o de que se niegue algo que se haya dicho. Mi conclusión sobre esta reflexión o pensamiento es que nadie, absolutamente nadie, se para a pensar lo que escribe.
Dale a la gente el amor que necesita y no un me gusta, sal a conocer el mundo.

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