domingo, 13 de marzo de 2016

Cristina Fernández Delgado (La guía)



La guía

Soy una guía para ciertas personas. Soy lo que les lleva a cualquier parte y lo que nos une a ellos es un trozo de cuerda atada a mi pecho. Soy su apoyo, su soporte, su manera de poder moverse. Nací para esto, para poder ayudar a personas con problemas en su día a día, nosotros les podemos ayudar a ellos de muchas maneras, pero mi primera prioridad desde que nací fue proteger.

Todos los días nos despertamos a las siete menos cuarto de la mañana, siempre duermo con ella porque así se siente más segura conmigo. Yo me tengo que despertar antes para poder llevarla hasta la cocina. Mientras desayuno, ella se da una ducha, se cambia y por ultimo se toma ese café con leche que tanto la gusta.

Sobre la siete y cuarto solemos salir de casa, y más o menos hasta la parada del bus hay unos diez minutos andando.

Ella siempre prefiere esperar al bus antes de tener que salir corriendo de casa y perderlo. Cuando llegamos a la parada hay una chica morena que siempre habla con mi dueña y la pregunta que tal su dia y que va a hacer hoy. Yo siempre la miro con ojos de cachorrillo para ver si me puede dar una de esas galletas que siempre lleva en el bolso.

Cuando cogemos el bus, siempre nos ponemos en algún sitio para dos, ya que así mi dueña se puede sentar en un sitio y yo me puedo quedar a los pies de ella para no molestar a nadie.

Dependiendo del día de la semana, bajamos en una parada o en otro. Hoy es jueves, lo que significa que tenemos que bajar por República Dominicana, me toca revisión.

Llegamos a casi a la parada y mi dueña intenta acercarse a la pared para poder palpar el botón que avisa al conductor de que se pare para poder bajar en la siguiente parada, pero antes de que mi dueña llegue a darle, la chica de ojos azules, la de las galletas, se adelanta a darle para que mi dueña no tenga que moverse tanto.

Antes de bajarnos siempre me acerco a aquella chica para que me dé una caricia en la cabeza, y ella siempre dice que nos verá mañana. Mi dueña siempre la reconoce por su colonia.

Nos bajamos cerca de la clínica para la revisión semanal que tengo.

Al irnos, mi medico, por portarme bien, me da una especie de chuche, para los dientes, que además me ayuda a tenerlos más limpios y sanos, al principio no sabe muy bien, pero se puede soportar.
Al llegar a casa me quita esa cuerda gruesa que me rodea todo el cuerpo y ella decide sentarse en el sofá, mientras yo me quedo en sus pies para darle calor.

El sueño se apodera de mí, y mis ojos poco a poco se cierran, aunque siempre me mantengo alerta por si mi dueña me necesita.

Al cerrar los ojos pienso en todo lo que he hecho hoy, en lo que soy, en lo que hago. Nací para esto, para poder ayudar a las personas que no ven, y no poder guiarlas a todas partes.

Soy su guía, su perro guía.








Cristina Fernández Delgado, 1ºA. 23 de noviembre de 2015.

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