domingo, 13 de marzo de 2016

Luis Sordo (Una muerte inesperada)



Una muerte inesperada

Hola a todos, mi nombre es Javier Rojas, soy periodista  y hoy, en el avión de vuelta a Madrid os voy a contar mi historia.

9 de febrero de 2016, un día cualquiera, me levanto y me voy a la redacción, llego y la rutina de siempre, saludo a mis compañeros, me tomo un café con ellos, charlo un poco…

¿Qué podía tener de raro este día? Yo no me imaginaba nada, pero a media mañana, me dicen que el director quiere vernos a mí y a Juan, el fotógrafo, yo pensaba que nos iba a mandar a una entrevista normal, por Madrid, a un banquero, a un político, en fin, el rollo de siempre.

Llevaba casi un año haciendo lo mismo, sin que pudiera contar nada interesante ni ir a lugares donde esté el centro de la noticia.

Llego a su despacho con Juan y nos dice el director que tenemos que ir a Siria, a cubrir noticias de lo que está pasando en la guerra.

Cuando decía que quería hacer algo diferente, algo que me motivara y que me recordara por qué estudié esta carrera, no me refería a irme a la guerra ni nada parecido; el director nos garantizaba que íbamos a un lugar seguro y que no nos pasaría nada; me tocaba ir, no había otra.

A la mañana siguiente estamos los dos en barajas, en principio íbamos a un lugar tranquilo, donde no nos pasaría nada, yo estaba bastante nervioso. Me ve Juan nervioso y trata de tranquilizarme: Tranquilo Javier, la semana que viene estamos aquí contándole a los demás la experiencia que hemos vivido.

Llegamos a Siria, es de noche, descansamos en un hotel que parece seguro, donde había periodistas de todos los países, tocaba irse a dormir y descansar, el día siguiente prometía ser un día duro.

A las 4 de la mañana me despierto, no para de haber ruido, un ruido que a mi no me hacía gracia, veo a Juan dormir como si nada.
Nos despertamos y buscamos zonas donde poder sacar fotos, coger información. Simplemente poder hacer nuestro trabajo sin que nos peguen un tiro. Por suerte no pasa nada, me tranquiliza un poco esta situación, Juan me mira y me dice bromeando: ¿tienes todo el cuerpo bien? Aunque me hubiera tranquilizado un poco al ver que estábamos seguros donde trabajábamos, una guerra no es ninguna broma.

Llega el segundo día, yo busco fuentes y gente que me explique lo que está pasando, son las 6 de la tarde, yo ya he acabado. Juan no está contento con todas las fotos que ha hecho. Avanza unos metros porque ve a gente que va a atacar.

Juan se olvida de una cosa, y es que en la guerra atacan más de un bando, yo estoy recogiendo mis cosas cuando de repente escucho el disparo de un francotirador; la situación cada vez va a peor. Quiero irme al hotel, redactar toda la información que tengo, irme a la cama y pensar que ya me queda un día menos aquí, miro un poco a mí alrededor y veo a unos hombres muertos, entre ellos mi amigo Juan.

Resulta que el ruido de un disparo del francotirador que había escuchado un minuto antes era, el disparo que ha recibido mi amigo Juan y que ha acabado con su vida.

No me lo podía creer. Una persona que no tenía nada que ver con la guerra, que no estaba ni atacando ni defendiendo, no estaba utilizando ninguna clase de arma para matar a nadie, solo estaba haciendo su trabajo, sacar fotos para enseñar a España lo que sucede a miles de kilómetros ha muerto.

Esta guerra me imagino que algún día acabará y que habrá gente vencedora y gente perdedora, gente ganadora que defenderá que sólo mató a la gente que no defendía lo mismo que ellos; pero, también murió gente injustamente, sólo haciendo su trabajo sin tener nada que ver en esto.

Luis Sordo Colomer- 2 de Marzo de 2016

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